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Los marfiles
Se le debe a G. Bonsor el primer estudio de los marfiles de sus excavaciones en Los Alcores. Como ocurrirá con los bronces o con otros elementos introducidos por los artesanos fenicios, los marfiles han generado un gran debate sobre su significado. Adscripción cultural y cronología, aunque parece obvio por los tipos que nos han llegado. Singulares dentro del ámbito Mediterráneo, que responden a una interacción artesanal cuyo resultado es un producto netamente tartesico.
Aunque la generalización de los peines de marfil se produce a partir de la colonización oriental, en la península se conocen otros ejemplares del Bronce Final, caso de los documentados en la tumba de Roça do Casal do Meio, Cabeço de Vaiamonte, la Mola d’Agres o el del Cerro de la Mora entre otros, elementos que además están asociados a fíbulas de codo, como ocurre en las representaciones más arcaicas de las estelas de guerrero. A partir del siglo VIII no solo se documentan peines en las necrópolis tartesicas, sino también se han hallado otros elementos como placas, paletas, cajas o remates de muebles que enriquecen la tipología eboraria.
Los marfiles Se le debe a G. Bonsor el primer estudio de los marfiles de sus excavaciones en Los Alcores. Como ocurrirá con los bronces o con otros elementos introducidos por los artesanos fenicios, los marfiles han generado un gran debate sobre su significado. Adscripción cultural y cronología, aunque parece obvio por los tipos que nos han llegado. Singulares dentro del ámbito Mediterráneo, que responden a una interacción artesanal cuyo resultado es un producto netamente tartesico. Aunque la generalización de los peines de marfil se produce a partir de la colonización oriental, en la península se conocen otros ejemplares del Bronce Final, caso de los documentados en la tumba de Roça do Casal do Meio, Cabeço de Vaiamonte, la Mola d’Agres o el del Cerro de la Mora entre otros, elementos que además están asociados a fíbulas de codo, como ocurre en las representaciones más arcaicas de las estelas de guerrero. A partir del siglo VIII no solo se documentan peines en las necrópolis tartesicas, sino también se han hallado otros elementos como placas, paletas, cajas o remates de muebles que enriquecen la tipología eboraria.
Los primeros bronces orientales que llegan a la península es posible que lo hicieran en época pre fenicia, pero su habitual descontextualización o su justificación por el comercio atlántico o continental impiden una clara consideración. Las armas y algunos objetos de adorno y uso personal, como las navajas de afeitar y las fíbulas, son producciones atlánticas que se manifiestan claramente en las estelas de guerrero más antiguas; sin embargo, a partir de la colonización no solo se aprecia un cambio en la composición escénica de las estelas con la incorporación de la figura del guerrero, sino que a su vez hacen acto de presencia una serie de objetos que enriquecen la panoplia del individuo representado, lo que debemos asociar a la colonización mediterránea. Tal y como se pone de manifiesto en el yacimiento portugués de Baioes, los primeros bronces mediterráneos que llegan a la península antes de la colonización  están vinculados con el culto, tónica que prevalece durante la colonización, donde los bronces que se documentan tiene una estrecha relación con el ritual religioso, caso de los thymateria o quemaperfumes, los jarros y los braserillos, las pequeñas estatuas, etc.; sin embargo, los objetos de adorno personal como pinzas, fíbulas, agujas, etc., parecen de elaboración indígena. Esta circunstancia puede estar relacionada con el carácter aconico que siempre se ha adjudicado a la religión de las comunidades indígenas.
Los primeros bronces orientales que llegan a la península es posible que lo hicieran en época pre fenicia, pero su habitual descontextualización o su justificación por el comercio atlántico o continental impiden una clara consideración. Las armas y algunos objetos de adorno y uso personal, como las navajas de afeitar y las fíbulas, son producciones atlánticas que se manifiestan claramente en las estelas de guerrero más antiguas; sin embargo, a partir de la colonización no solo se aprecia un cambio en la composición escénica de las estelas con la incorporación de la figura del guerrero, sino que a su vez hacen acto de presencia una serie de objetos que enriquecen la panoplia del individuo representado, lo que debemos asociar a la colonización mediterránea. Tal y como se pone de manifiesto en el yacimiento portugués de Baioes, los primeros bronces mediterráneos que llegan a la península antes de la colonización están vinculados con el culto, tónica que prevalece durante la colonización, donde los bronces que se documentan tiene una estrecha relación con el ritual religioso, caso de los thymateria o quemaperfumes, los jarros y los braserillos, las pequeñas estatuas, etc.; sin embargo, los objetos de adorno personal como pinzas, fíbulas, agujas, etc., parecen de elaboración indígena. Esta circunstancia puede estar relacionada con el carácter aconico que siempre se ha adjudicado a la religión de las comunidades indígenas.
Con la colonización debieron llegar artesanos y metalúrgicos que se instalaron en la Península con el objetivo de abastecer de nuevos productos metálicos a los personajes más destacados de las comunidades indígenas; como es lógico, y antes del desarrollo de estos establecimientos artesanales, se debieron importar objetos de manufactura oriental que pronto serian sustituidos por las imitaciones de los talleres fenicios occidentales que, aunque es posible que aceptaran artesanos y aprendices indígenas, guardarían celosamente el secreto de su elaboración con el fin  de controlar su comercialización; sin embargo, a partir del siglo VII se observa un aumento y una variada tipología de estos objetos que conocemos principalmente a través de las necrópolis, y dada la originalidad formal y las peculiaridades técnicas que ofrecen a partir de ahora, parece que responden a una descentralización geográfica de esos talleres. Son los primeros productos genuinamente tartesicos, aunque siempre manteniendo la influencia orientalizante.
Con la colonización debieron llegar artesanos y metalúrgicos que se instalaron en la Península con el objetivo de abastecer de nuevos productos metálicos a los personajes más destacados de las comunidades indígenas; como es lógico, y antes del desarrollo de estos establecimientos artesanales, se debieron importar objetos de manufactura oriental que pronto serian sustituidos por las imitaciones de los talleres fenicios occidentales que, aunque es posible que aceptaran artesanos y aprendices indígenas, guardarían celosamente el secreto de su elaboración con el fin de controlar su comercialización; sin embargo, a partir del siglo VII se observa un aumento y una variada tipología de estos objetos que conocemos principalmente a través de las necrópolis, y dada la originalidad formal y las peculiaridades técnicas que ofrecen a partir de ahora, parece que responden a una descentralización geográfica de esos talleres. Son los primeros productos genuinamente tartesicos, aunque siempre manteniendo la influencia orientalizante.
Los bronces
A pesar de la riqueza metalúrgica que preconizan todas las fuentes clásicas, no parece que Tartessos se caracterice precisamente por una especial abundancia de metales elaborados en los momentos más antiguos, por lo que llama la atención la parquedad de los objetos elaborados en plata, el mineral que ha servido para justificar  su auge económico y una de las principales causas de la colonización. Por lo tanto, la práctica ausencia de plata en el suroeste peninsular en los momentos previos a la presencia de los fenicios es una dato más a tener en cuenta a la hora de valorar el desarrollo tecnológico de las comunidades indígenas; sin embargo, si es reseñable el interés que muestran por las manufacturas de bronce, y ello a pesar de que no disponemos de documentación sobre las necrópolis o los lugares donde pudieron amortizarse estos objetos, pero a tenor de las numerosas armas rescatadas en los ríos y otros depósitos y ocultaciones del Bronce Final, parece que su importancia fue patente. Aunque estas armas y otros objetos de adorno personal son de clara filiación atlántica, es más probable que las halladas en el suroeste peninsular sean de producción local, siguiendo esos modelos que también atestiguan en el Mediterráneo central, o al menos eso se desprende de su presencia en las estelas de guerrero de composición básica y del conocimiento que demuestran en la elaboración de orfebrería.
Los bronces A pesar de la riqueza metalúrgica que preconizan todas las fuentes clásicas, no parece que Tartessos se caracterice precisamente por una especial abundancia de metales elaborados en los momentos más antiguos, por lo que llama la atención la parquedad de los objetos elaborados en plata, el mineral que ha servido para justificar su auge económico y una de las principales causas de la colonización. Por lo tanto, la práctica ausencia de plata en el suroeste peninsular en los momentos previos a la presencia de los fenicios es una dato más a tener en cuenta a la hora de valorar el desarrollo tecnológico de las comunidades indígenas; sin embargo, si es reseñable el interés que muestran por las manufacturas de bronce, y ello a pesar de que no disponemos de documentación sobre las necrópolis o los lugares donde pudieron amortizarse estos objetos, pero a tenor de las numerosas armas rescatadas en los ríos y otros depósitos y ocultaciones del Bronce Final, parece que su importancia fue patente. Aunque estas armas y otros objetos de adorno personal son de clara filiación atlántica, es más probable que las halladas en el suroeste peninsular sean de producción local, siguiendo esos modelos que también atestiguan en el Mediterráneo central, o al menos eso se desprende de su presencia en las estelas de guerrero de composición básica y del conocimiento que demuestran en la elaboración de orfebrería.
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Día de turismo, esto es un no parar 😎😎
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También se ha descartado la posibilidad de que algunos asentamientos pertenezcan a una determinada fase por el hecho de carecer de los elementos cerámicos que la definen; así, un poblado con cerámicas indígenas se clasificara dentro del Bronce Final pre fenicio, mientras que otro con las mismas cerámicas pero con un solo fragmento de un vaso fenicio se convertirá en un poblado orientalizante, lo que ha distorsionado ña visión cultural del fenómeno cultural tartesico. Lo cierto es que ni los indígenas rompen de repente toda su vajilla para adquirir los nuevos tipos procedentes de las nuevas factorías instaladas en el sur peninsular, ni los fenicios se traen toda la vajilla necesaria para su nuevo emplazamiento, por lo que seguramente también adquirirán de los indígenas algunos tipos cerámicos para su uso cotidiano. Con el tiempo y la introducción del torno alfarero, los unos introducirían su cerámica tradicional y los otros, adaptarían sus tipos a esa nueva tecnología, lo que producirá un repertorio ceramio original y definidor de lo tartesico, el estilo orientalizante, término que debería ceñirse, a las producciones artesanales, y no a las manifestaciones culturales. En realidad, la innovación tecnológica en este y otros campos, será la responsable del cambio socioeconómico de las comunidades indígenas y de la formación de Tartessos.
También se ha descartado la posibilidad de que algunos asentamientos pertenezcan a una determinada fase por el hecho de carecer de los elementos cerámicos que la definen; así, un poblado con cerámicas indígenas se clasificara dentro del Bronce Final pre fenicio, mientras que otro con las mismas cerámicas pero con un solo fragmento de un vaso fenicio se convertirá en un poblado orientalizante, lo que ha distorsionado ña visión cultural del fenómeno cultural tartesico. Lo cierto es que ni los indígenas rompen de repente toda su vajilla para adquirir los nuevos tipos procedentes de las nuevas factorías instaladas en el sur peninsular, ni los fenicios se traen toda la vajilla necesaria para su nuevo emplazamiento, por lo que seguramente también adquirirán de los indígenas algunos tipos cerámicos para su uso cotidiano. Con el tiempo y la introducción del torno alfarero, los unos introducirían su cerámica tradicional y los otros, adaptarían sus tipos a esa nueva tecnología, lo que producirá un repertorio ceramio original y definidor de lo tartesico, el estilo orientalizante, término que debería ceñirse, a las producciones artesanales, y no a las manifestaciones culturales. En realidad, la innovación tecnológica en este y otros campos, será la responsable del cambio socioeconómico de las comunidades indígenas y de la formación de Tartessos.
La cerámica
Como es lógico, con la llegada de los colonizadores mediterráneos se produjo tal avance tecnológico en las producciones cerámicas que la primera consecuencia fue la especialización artesanal, tanto para abastecer de las nuevas vajillas a los elementos más destacados de las comunidades indígenas como para generar un determinado excedente para su comercialización. Por su parte, las comunidades indígenas disponían de su propia producción, y entre la gran variedad formal de las cerámicas producidas, también tenían ciertos tipos relacionados directamente con el ritual que impediría que el cambio fuera tan rápido como algunos han defendido; de hecho, en algunos lugares relacionados con el culto y hasta bien avanzado el periodo tartesico, se siguen utilizando vasos a mano como expresión de la tradición cultural. Por lo tanto, no se puede asumir que en un corto periodo de tiempo se produjera una invasión en el mercado indígena de las nuevas formas cerámicas: la prueba de ello es que algunos tipos cerámicos que arrancan del Bronce Final seguirán presentes, con el pertinente perfeccionamiento técnico y su evolución tipológica, hasta el final de este dilatado periodo.
La cerámica Como es lógico, con la llegada de los colonizadores mediterráneos se produjo tal avance tecnológico en las producciones cerámicas que la primera consecuencia fue la especialización artesanal, tanto para abastecer de las nuevas vajillas a los elementos más destacados de las comunidades indígenas como para generar un determinado excedente para su comercialización. Por su parte, las comunidades indígenas disponían de su propia producción, y entre la gran variedad formal de las cerámicas producidas, también tenían ciertos tipos relacionados directamente con el ritual que impediría que el cambio fuera tan rápido como algunos han defendido; de hecho, en algunos lugares relacionados con el culto y hasta bien avanzado el periodo tartesico, se siguen utilizando vasos a mano como expresión de la tradición cultural. Por lo tanto, no se puede asumir que en un corto periodo de tiempo se produjera una invasión en el mercado indígena de las nuevas formas cerámicas: la prueba de ello es que algunos tipos cerámicos que arrancan del Bronce Final seguirán presentes, con el pertinente perfeccionamiento técnico y su evolución tipológica, hasta el final de este dilatado periodo.
La artesanía tartesica
Hasta no hace muchos años, la cultura tartesica se definía por una serie de objetos de diferentes materiales que, independientemente de si procedían de contextos arqueológicos o si lo eran de hallazgos casuales, constituían un punto en los mapas de dispersión al uso, lo que ha generado no poca confusión entre los estudiosos, máxime cuando en esos mapas los puntos pueden hacer referencia,  a un fragmento cerámico o a todo un poblado o necrópolis. Este ha sido también le método que se ha empleado para definir la extensión geográfica del influjo tartesico, aunque como podemos ver, dependiendo de los materiales que elijamos, conseguiremos territorios más o menos extensos. Lo que parece que esta fuera de toda duda es que siegue siendo la cerámica el elemento más fiable para definir un área cultural, una interacción tecnológica y una cronología segura. Sin embargo, otros elementos como los bronces, la orfebrería o la eboraria, por citar los más característicos del repertorio tartesico, vistos desde su propia perspectiva solo nos pueden inducir a valoraciones aisladas que carecen de sentido cultural y cronológico si no están acompañados de los contextos arqueológicos que avalen su funcionalidad o de materiales cerámicos que certifiquen  su datación. La cerámica, por consiguiente, debe seguir tratándose como el principal elemento del registro arqueológico, pues a través de sus tipologías podremos seguir el rastro de las relaciones comerciales, de las interrelaciones en general, conseguiremos afinar cada vez más en las cronologías y llegaremos a ubicar con el tiempo y la profusión de análisis, los focos de su producción, lo que nos permitirá configurar con bastantes garantías el territorio tartesico y la evolución de su área de influencia.
La artesanía tartesica Hasta no hace muchos años, la cultura tartesica se definía por una serie de objetos de diferentes materiales que, independientemente de si procedían de contextos arqueológicos o si lo eran de hallazgos casuales, constituían un punto en los mapas de dispersión al uso, lo que ha generado no poca confusión entre los estudiosos, máxime cuando en esos mapas los puntos pueden hacer referencia, a un fragmento cerámico o a todo un poblado o necrópolis. Este ha sido también le método que se ha empleado para definir la extensión geográfica del influjo tartesico, aunque como podemos ver, dependiendo de los materiales que elijamos, conseguiremos territorios más o menos extensos. Lo que parece que esta fuera de toda duda es que siegue siendo la cerámica el elemento más fiable para definir un área cultural, una interacción tecnológica y una cronología segura. Sin embargo, otros elementos como los bronces, la orfebrería o la eboraria, por citar los más característicos del repertorio tartesico, vistos desde su propia perspectiva solo nos pueden inducir a valoraciones aisladas que carecen de sentido cultural y cronológico si no están acompañados de los contextos arqueológicos que avalen su funcionalidad o de materiales cerámicos que certifiquen su datación. La cerámica, por consiguiente, debe seguir tratándose como el principal elemento del registro arqueológico, pues a través de sus tipologías podremos seguir el rastro de las relaciones comerciales, de las interrelaciones en general, conseguiremos afinar cada vez más en las cronologías y llegaremos a ubicar con el tiempo y la profusión de análisis, los focos de su producción, lo que nos permitirá configurar con bastantes garantías el territorio tartesico y la evolución de su área de influencia.
Seguimos trabajando en la facultad, no paramos!! 😎💪
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Hay otras cuestiones de interés, como por ejemplo la que ya planteo Almagro-Gorbea en relación con los distintos tipos de enterramientos documentados; en este sentido, parece que las necrópolis en llano tipo Cruz del Negro o Medellín pertenecerían a los grupos con un mayor poder adquisitivo de la comunidad y sus familias, mientras que las clases dirigentes conformadas a partir del siglo VII a.C., ocuparían los grandes túmulos como Setefilla o La Joya, pero aún  no se han podido detectar ambos tipos simultáneamente, lo que deja abierta esta posibilidad. También es de gran interés el cambio que se percibe en los objetos depositados en los ajuares a partir de la segunda mitad del siglo VII a.C., cuando hacen acto de presencia elementos tan significativos como los jarros rodios o los broches de cinturón del tipo Acebuchal, consecuencia directa de la mayor actividad de los comerciantes griegos en el sur peninsular, pero que, sin embargo, no llegaran a tener en el bajo Guadalquivir una presencia tan activa como la que se detecta en la zona de Huelva, donde además se perciben sensibles diferencias en los modos de enterrar y en los elementos que acompañan a las tumbas.
Hay otras cuestiones de interés, como por ejemplo la que ya planteo Almagro-Gorbea en relación con los distintos tipos de enterramientos documentados; en este sentido, parece que las necrópolis en llano tipo Cruz del Negro o Medellín pertenecerían a los grupos con un mayor poder adquisitivo de la comunidad y sus familias, mientras que las clases dirigentes conformadas a partir del siglo VII a.C., ocuparían los grandes túmulos como Setefilla o La Joya, pero aún no se han podido detectar ambos tipos simultáneamente, lo que deja abierta esta posibilidad. También es de gran interés el cambio que se percibe en los objetos depositados en los ajuares a partir de la segunda mitad del siglo VII a.C., cuando hacen acto de presencia elementos tan significativos como los jarros rodios o los broches de cinturón del tipo Acebuchal, consecuencia directa de la mayor actividad de los comerciantes griegos en el sur peninsular, pero que, sin embargo, no llegaran a tener en el bajo Guadalquivir una presencia tan activa como la que se detecta en la zona de Huelva, donde además se perciben sensibles diferencias en los modos de enterrar y en los elementos que acompañan a las tumbas.
Es probable que, como nos muestra también la necrópolis de Setefilla, donde se halló una estela de guerrero y otra decena de ellas exentas de decoración, los enterramientos más antiguos tengan una vinculación más o menos directa con los personajes representados en las estelas, gentes que ya conocerían el rito de la cremación como parece desprenderse del reciente hallazgo del Cortijo de la Reina, y que entrarían en contacto rápidamente con los colonizadores fenicios, con los que debieron compartir el dominio de ese territorio. El poder sustentado en la coerción militar que emana de los guerreros de las estelas debió estar afianzado de tal manera en la sociedad indígena que tras la colonización pasaron a mostrar ese poder  a través de las manifestaciones funerarias y de los objetos que acompañaban su ajuar, donde las representaciones de carácter guerrero se redujeron a la mínima expresión. La interacción entre las comunidades indígena y fenicia a partir del finales del siglo IX a.C., dio como resultado con el paso del tiempo una inédita expresión del mundo funerario, y de la sociedad que lo desarrollaba, que ha hecho que algunos la atribuyan a una u otra comunidad, cuando en realidad es la auténtica expresión de lo tartesico, que se manifiesta con toda su intensidad a partir del siglo VII a.C.
Es probable que, como nos muestra también la necrópolis de Setefilla, donde se halló una estela de guerrero y otra decena de ellas exentas de decoración, los enterramientos más antiguos tengan una vinculación más o menos directa con los personajes representados en las estelas, gentes que ya conocerían el rito de la cremación como parece desprenderse del reciente hallazgo del Cortijo de la Reina, y que entrarían en contacto rápidamente con los colonizadores fenicios, con los que debieron compartir el dominio de ese territorio. El poder sustentado en la coerción militar que emana de los guerreros de las estelas debió estar afianzado de tal manera en la sociedad indígena que tras la colonización pasaron a mostrar ese poder a través de las manifestaciones funerarias y de los objetos que acompañaban su ajuar, donde las representaciones de carácter guerrero se redujeron a la mínima expresión. La interacción entre las comunidades indígena y fenicia a partir del finales del siglo IX a.C., dio como resultado con el paso del tiempo una inédita expresión del mundo funerario, y de la sociedad que lo desarrollaba, que ha hecho que algunos la atribuyan a una u otra comunidad, cuando en realidad es la auténtica expresión de lo tartesico, que se manifiesta con toda su intensidad a partir del siglo VII a.C.
La estructura social que se deriva del estudio de algunas de estas necrópolis también nos aleja de la concepción social que caracteriza a la fenicia; a las importantes consideraciones que sobre el tipo de sociedad se derivan de la distribución de los enterramientos de los túmulos de Setefilla, debemos añadir el enterramiento destacado que se documentó en el cuadrante suroccidental del túmulo de Las Cumbres, que generó en torno a si su propio espacio funerario, de lo que se ha deducido que incluso existió cierta desigualdad entre los propios grupos de parentesco de esta sociedad. El siguiente paso en ese cambio hacia una mayor estratificación social se manifiesta en el túmulo A de Setefilla, donde se pasó de un circulo de enterramientos unidos por el vínculo de parentesco, a la tumba individual en cámara ocupando todo el espacio funerario, un salto cualitativo de interés, interpretado por Torres como un cambio del poder basado en el linaje de base aristocrático.
La estructura social que se deriva del estudio de algunas de estas necrópolis también nos aleja de la concepción social que caracteriza a la fenicia; a las importantes consideraciones que sobre el tipo de sociedad se derivan de la distribución de los enterramientos de los túmulos de Setefilla, debemos añadir el enterramiento destacado que se documentó en el cuadrante suroccidental del túmulo de Las Cumbres, que generó en torno a si su propio espacio funerario, de lo que se ha deducido que incluso existió cierta desigualdad entre los propios grupos de parentesco de esta sociedad. El siguiente paso en ese cambio hacia una mayor estratificación social se manifiesta en el túmulo A de Setefilla, donde se pasó de un circulo de enterramientos unidos por el vínculo de parentesco, a la tumba individual en cámara ocupando todo el espacio funerario, un salto cualitativo de interés, interpretado por Torres como un cambio del poder basado en el linaje de base aristocrático.
En definitiva, y a pesar de las hipótesis de algunos investigadores que abogan por la filiación fenicia de estos enterramientos, la verdad es que tanto el ritual desplegado como la profusión de elementos indígenas, caso de los vasos à chardon, las cerámicas a mano bruñidas, las urnas biconicas, las fíbulas de doble resorte o los broches de cinturón, no avalan tal afirmación. Pero también es cierto que hay una importante presencia de elementos puramente fenicios, entre los que destacan los platos y cuencos de barniz rojo, las lucernas, los huevos de avestruz o los escarabeos y otros elementos de adorno; pero sin embargo están ausentes de estas necrópolis del valle bajo del Guadalquivir elementos tan característicos del mundo funerario fenicio como son los oinochoes de boca de seta o los jarros de boca trilobulada. Otro elemento que se ha utilizado como prueba de la filiación fenicia de los enterramientos es la urna “Cruz del Negro”, un tipo que deriva de los fenicios, pero que no tiene por qué marcar la adscripción de todo el conjunto, máxime cuando estos vasos presentan algunas características propias del ámbito tartesico. Parece más lógico pensar que en un principio se pudieron enterrar fenicios junto a indígenas o viceversa, y sobre todo, que las clases dominantes indígenas trataran de imitar en sus rituales funerarios a los fenicios; pero la pregunta que deberíamos hacernos en este caso es donde se encuentran en esta zona las tumbas fenicias genuinas que intentaron imitar. Sabemos que la expresión de la muerte entre los fenicios nunca fue muy ostentosa, lo que entra en contradicción con las tumbas que aquí hemos tratado; por otra parte, estamos aún muy lejos de conocer el ritual funerario de los indígenas antes de la llegada de los fenicios.
En definitiva, y a pesar de las hipótesis de algunos investigadores que abogan por la filiación fenicia de estos enterramientos, la verdad es que tanto el ritual desplegado como la profusión de elementos indígenas, caso de los vasos à chardon, las cerámicas a mano bruñidas, las urnas biconicas, las fíbulas de doble resorte o los broches de cinturón, no avalan tal afirmación. Pero también es cierto que hay una importante presencia de elementos puramente fenicios, entre los que destacan los platos y cuencos de barniz rojo, las lucernas, los huevos de avestruz o los escarabeos y otros elementos de adorno; pero sin embargo están ausentes de estas necrópolis del valle bajo del Guadalquivir elementos tan característicos del mundo funerario fenicio como son los oinochoes de boca de seta o los jarros de boca trilobulada. Otro elemento que se ha utilizado como prueba de la filiación fenicia de los enterramientos es la urna “Cruz del Negro”, un tipo que deriva de los fenicios, pero que no tiene por qué marcar la adscripción de todo el conjunto, máxime cuando estos vasos presentan algunas características propias del ámbito tartesico. Parece más lógico pensar que en un principio se pudieron enterrar fenicios junto a indígenas o viceversa, y sobre todo, que las clases dominantes indígenas trataran de imitar en sus rituales funerarios a los fenicios; pero la pregunta que deberíamos hacernos en este caso es donde se encuentran en esta zona las tumbas fenicias genuinas que intentaron imitar. Sabemos que la expresión de la muerte entre los fenicios nunca fue muy ostentosa, lo que entra en contradicción con las tumbas que aquí hemos tratado; por otra parte, estamos aún muy lejos de conocer el ritual funerario de los indígenas antes de la llegada de los fenicios.
Museo Ruso de San Petersburgo.
Avda. Sor Teresa Prat, 15
Horario: martes-domingo de 9:30 a 20:00.
Tarifas: 
Exposición permanente+temporal: 8 €, 4 € (tarifa reducida).
Permanente: 6 €, 3,50 € (reducida).
Temporal: 4€, 2,50 € (reducida).
Tarifa reducida=Mayores de 65 años, estudiantes hasta 26 años, familias numerosas.
Gratis=Desempleados, menores de 18 años, discapacitados y todos los domingos desde las 16:00.
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Museo Ruso de San Petersburgo. Avda. Sor Teresa Prat, 15 Horario: martes-domingo de 9:30 a 20:00. Tarifas: Exposición permanente+temporal: 8 €, 4 € (tarifa reducida). Permanente: 6 €, 3,50 € (reducida). Temporal: 4€, 2,50 € (reducida). Tarifa reducida=Mayores de 65 años, estudiantes hasta 26 años, familias numerosas. Gratis=Desempleados, menores de 18 años, discapacitados y todos los domingos desde las 16:00. #museo  #malaga  #tourism  #turism  #visitmalaga  #visitamalaga  #ruta  #rutaturistica  #enjoymalaga  #turismomalaga  #museoruso  #russian  #russianpeople  #cuadros  #picture  #pic  #foto  #fotografía  #painting  #love  #lovemalaga 
Real Fábrica de Tabacos (Tabacalera).
Avda. Sor Teresa Prat, 15.
Esta actividad tuvo lugar primero en el Palacio de la Aduana (1829-39), pero ya desde 1920 hasta 2002 estuvo funcionando en este edificio que vemos.
Ahora alberga oficinas del Ayto., el Museo Automovilistico y el Museo Ruso...
#tabacalera #tabaco #edificio #Málaga #arquitectura #foto #fotografia #pic #picture #museo #auto #coche #car #russian #rusia #fábrica #tourism #turismo #ruta #visitamalaga #visitmalaga #lovemalaga
Real Fábrica de Tabacos (Tabacalera). Avda. Sor Teresa Prat, 15. Esta actividad tuvo lugar primero en el Palacio de la Aduana (1829-39), pero ya desde 1920 hasta 2002 estuvo funcionando en este edificio que vemos. Ahora alberga oficinas del Ayto., el Museo Automovilistico y el Museo Ruso... #tabacalera  #tabaco  #edificio  #Málaga  #arquitectura  #foto  #fotografia  #pic  #picture  #museo  #auto  #coche  #car  #russian  #rusia  #fábrica  #tourism  #turismo  #ruta  #visitamalaga  #visitmalaga  #lovemalaga 
A parte de que las tumbas más antiguas encontradas en las Mesas de Asta pertenezcan o no a la fase prefenicia, que en estos momentos se dio una generalización por la incineración, y no por influencia colonizadora. Las tumbas fenicias son caracterizadas por la ausencia absoluta, de materiales que se le puedan adscribir tipológicamente, con esto se entiende que a pesar de haber establecido su influencia colonizadora, pudieran haber ejercido tanta entre los indígenas como para obtener éstos un ritual similar al de los colonizadores. Lo que parece claro es que el poblado de Mesas de Asta debió de tener una extraordinaria importancia sobre el número de tumbas localizadas; y por el grado de importancia, no en vano son varios los investigadores que han propuesto el sitio como uno de los candidatos a albergar la ciudad de Tartessos.
A parte de que las tumbas más antiguas encontradas en las Mesas de Asta pertenezcan o no a la fase prefenicia, que en estos momentos se dio una generalización por la incineración, y no por influencia colonizadora. Las tumbas fenicias son caracterizadas por la ausencia absoluta, de materiales que se le puedan adscribir tipológicamente, con esto se entiende que a pesar de haber establecido su influencia colonizadora, pudieran haber ejercido tanta entre los indígenas como para obtener éstos un ritual similar al de los colonizadores. Lo que parece claro es que el poblado de Mesas de Asta debió de tener una extraordinaria importancia sobre el número de tumbas localizadas; y por el grado de importancia, no en vano son varios los investigadores que han propuesto el sitio como uno de los candidatos a albergar la ciudad de Tartessos.
A pesar de no obtener gran información sobre esta etapa de Bronce Final, lo llegado a conocer es bastante contradictorio; Si los enterramientos de Roça do Casal do Meio pertenecen a dos inhumaciones con un ajuar coetáneo con su época, en Alpiarça los restos pertenecen a cremaciones. Sin embargo, todos estos hallazgos pertenecen a núcleos situados fuera del centro Tartésico. Debido a la zona situada de estos, disponemos de escasísimos datos, sobre todo en las necrópolis de Mesas de Asta y Las Cumbres (todo ello situado en Cádiz). De la primera, de hecho, aún no se ha llevado a cabo una excavación. La necrópolis se encuentra separada del poblado por una vaguada natural que será una normal en las necrópolis asociadas a los poblados tartésicos, donde siempre hay un arroyo que separa el mundo de los vivos de las necrópolis. La dimensión de la necrópolis consta de más de 13 ha. En la que se han encontrado alrededor de 600 sepulturas de diferentes tamaños. En realidad, solo podemos conocer algo de esta necrópolis gracias a las prospecciones realizadas por el Museo de Jerez en 1990, pero no podemos adjudicarles una cronología a estos objetos; entre los materiales recuperados, procedentes del Bronce Final figuran cazuelas bruñidas, vasos ovoides y bicónicos decorados con motivos geométricos y zoomorfos pertenecientes al “tipo Carambolo”, también presentan motivos geométricos, todos ellos realizados a mano. Al resto de materiales sí que se les puede adjudicar una cronología.
A pesar de no obtener gran información sobre esta etapa de Bronce Final, lo llegado a conocer es bastante contradictorio; Si los enterramientos de Roça do Casal do Meio pertenecen a dos inhumaciones con un ajuar coetáneo con su época, en Alpiarça los restos pertenecen a cremaciones. Sin embargo, todos estos hallazgos pertenecen a núcleos situados fuera del centro Tartésico. Debido a la zona situada de estos, disponemos de escasísimos datos, sobre todo en las necrópolis de Mesas de Asta y Las Cumbres (todo ello situado en Cádiz). De la primera, de hecho, aún no se ha llevado a cabo una excavación. La necrópolis se encuentra separada del poblado por una vaguada natural que será una normal en las necrópolis asociadas a los poblados tartésicos, donde siempre hay un arroyo que separa el mundo de los vivos de las necrópolis. La dimensión de la necrópolis consta de más de 13 ha. En la que se han encontrado alrededor de 600 sepulturas de diferentes tamaños. En realidad, solo podemos conocer algo de esta necrópolis gracias a las prospecciones realizadas por el Museo de Jerez en 1990, pero no podemos adjudicarles una cronología a estos objetos; entre los materiales recuperados, procedentes del Bronce Final figuran cazuelas bruñidas, vasos ovoides y bicónicos decorados con motivos geométricos y zoomorfos pertenecientes al “tipo Carambolo”, también presentan motivos geométricos, todos ellos realizados a mano. Al resto de materiales sí que se les puede adjudicar una cronología.
Málaga es una de las ocho provincias españolas que componen la comunidad autónoma de Andalucía. Está situada al sur de la península ibérica, en la costa mediterránea, entre las provincias de Granada, al este, y Cádiz, al oeste. Al norte limita con las provincias de Córdoba y Sevilla. Su capital es la ciudad de Málaga.// The Province of Málaga is located on the southern mediterranean coast of Spain, in Andalusia. It is bordered by the Mediterranean Sea to the south and by the provinces of Cádiz, Seville, Córdoba, and Granada (clockwise). #spain #spain❤️ #visitspain #españa #visitaespaña #malaga #visitamalaga #trip #trips #travel #travels #traveler #traveller #travelersnotebook #travelpic #travelgram #travelblogger #travelblog #traveladdict #travelaround #travelaroundworld #travelphotography #wander #wanderer #wanderlust #worldtravel #wanderlusting
Málaga es una de las ocho provincias españolas que componen la comunidad autónoma de Andalucía. Está situada al sur de la península ibérica, en la costa mediterránea, entre las provincias de Granada, al este, y Cádiz, al oeste. Al norte limita con las provincias de Córdoba y Sevilla. Su capital es la ciudad de Málaga.// The Province of Málaga is located on the southern mediterranean coast of Spain, in Andalusia. It is bordered by the Mediterranean Sea to the south and by the provinces of Cádiz, Seville, Córdoba, and Granada (clockwise). #spain  #spain â¤ï¸ #visitspain  #españa  #visitaespaña  #malaga  #visitamalaga  #trip  #trips  #travel  #travels  #traveler  #traveller  #travelersnotebook  #travelpic  #travelgram  #travelblogger  #travelblog  #traveladdict  #travelaround  #travelaroundworld  #travelphotography  #wander  #wanderer  #wanderlust  #worldtravel  #wanderlusting 
De Holanda, Italia, Inglaterra, Alemania, Francia..y ¡por supuesto de España! De todos estos países🌍 y más, hemos tenido #visitas para enseñarles nuestra bella #Málaga. ¡Gracias por elegirnos!✌
#Malagatours #visitaMalaga

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El Parque del Oeste recibió el año pasado un total de 2.415.104 visitas, lo que le convierte en una de las zonas de recreo de mayor afluencia de público en Málaga. Según las encuestas de satisfacción realizadas entre los usuarios del parque, el 87% está satisfecho con los servicios que presta. Asimismo, el Ayuntamiento ha reforzado la vigilancia del recinto por las tardes y ha iniciado el trámite para instalar un sistema de videovigilancia. #malaga #parquedeloeste #carreteradecadiz #zonasdemalaga #visitamalaga
El Parque del Oeste recibió el año pasado un total de 2.415.104 visitas, lo que le convierte en una de las zonas de recreo de mayor afluencia de público en Málaga. Según las encuestas de satisfacción realizadas entre los usuarios del parque, el 87% está satisfecho con los servicios que presta. Asimismo, el Ayuntamiento ha reforzado la vigilancia del recinto por las tardes y ha iniciado el trámite para instalar un sistema de videovigilancia. #malaga  #parquedeloeste  #carreteradecadiz  #zonasdemalaga  #visitamalaga 
#WhereToShopInMalaga for your little ones
(Más abajo en español)
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Málaga, illo...
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...el cambio que se detecta en el soporte de las estelas, donde se pasa de las más grandes rectangulares y con decoración básica de escudo-lanza, a las más estilizadas con la parte inferior reservada para ir hincadas en el suelo y con la figura del guerrero rodeado de sus armas y objetos de prestigio, se ha puesto en relación, precisamente, con el cambio del rito de la inhumación en cista por el de la incineración en urna, y auques te momento coincide con la llegada de los primeros fenicios, es difícil presumir que estos influyeran de forma tan radical en las poblaciones del interior como para que sus jerarcas cambiaran drásticamente de ritual funerario.
...el cambio que se detecta en el soporte de las estelas, donde se pasa de las más grandes rectangulares y con decoración básica de escudo-lanza, a las más estilizadas con la parte inferior reservada para ir hincadas en el suelo y con la figura del guerrero rodeado de sus armas y objetos de prestigio, se ha puesto en relación, precisamente, con el cambio del rito de la inhumación en cista por el de la incineración en urna, y auques te momento coincide con la llegada de los primeros fenicios, es difícil presumir que estos influyeran de forma tan radical en las poblaciones del interior como para que sus jerarcas cambiaran drásticamente de ritual funerario.
En cuanto a la primera cuestión, el origen del rito de la incineración, que con propiedad deberíamos calificar como ce cremación, parece que poco a poco se va aceptando que no es un rito traído por los fenicios, aunque sin duda pudieron contribuir a su generalización. Los datos que tenemos sobre los rituales funerarios de la fachada atlántica europea durante el Bronce Final son realmente parcos, de tal manera que a partir de la propuesta de M. L. Ruiz-Gálvez, se ha generalizado la idea de que pudo haber existido un ritual que no ha dejado huellas en el registro arqueológico, tal vez porque los restos de los difuntos fueron arrojados al agua  con sus pertenencias, lo que justificaría el hallazgo de armas y otro objetos en el fondo de algunos lechos de ríos. El problema está en saber si los muertos fueron arrojados a las aguas una vez cremados, aunque también se ha aventurado la posibilidad  de que se llevaran a cabo ritos de exposición antes de deshacerse del cuerpo, pero evidentemente nunca podremos disponer de datos para poder cotejarlo. Sabemos que la incineración  hace acto de presencia real con los campos de urnas del bronce final en el noreste peninsular, lo que abre la posibilidad de que haya sido gente de esa cultura la que haya contribuido a su expansión por el resto de la península; no podemos olvidar que las estelas de guerrero, aunque denominadas como del suroeste francés, también hacen acto de presencia en el sureste francés, lo que acerca ambos fenómenos culturales. En este sentido, cobra importancia el hallazgo en Buoux, en el departamento francés en Vaucluse, en la Provenza, de una urna con los huesos de un individuo junto a una estela decorada con un escudo de escotadura en “V”...
En cuanto a la primera cuestión, el origen del rito de la incineración, que con propiedad deberíamos calificar como ce cremación, parece que poco a poco se va aceptando que no es un rito traído por los fenicios, aunque sin duda pudieron contribuir a su generalización. Los datos que tenemos sobre los rituales funerarios de la fachada atlántica europea durante el Bronce Final son realmente parcos, de tal manera que a partir de la propuesta de M. L. Ruiz-Gálvez, se ha generalizado la idea de que pudo haber existido un ritual que no ha dejado huellas en el registro arqueológico, tal vez porque los restos de los difuntos fueron arrojados al agua con sus pertenencias, lo que justificaría el hallazgo de armas y otro objetos en el fondo de algunos lechos de ríos. El problema está en saber si los muertos fueron arrojados a las aguas una vez cremados, aunque también se ha aventurado la posibilidad de que se llevaran a cabo ritos de exposición antes de deshacerse del cuerpo, pero evidentemente nunca podremos disponer de datos para poder cotejarlo. Sabemos que la incineración hace acto de presencia real con los campos de urnas del bronce final en el noreste peninsular, lo que abre la posibilidad de que haya sido gente de esa cultura la que haya contribuido a su expansión por el resto de la península; no podemos olvidar que las estelas de guerrero, aunque denominadas como del suroeste francés, también hacen acto de presencia en el sureste francés, lo que acerca ambos fenómenos culturales. En este sentido, cobra importancia el hallazgo en Buoux, en el departamento francés en Vaucluse, en la Provenza, de una urna con los huesos de un individuo junto a una estela decorada con un escudo de escotadura en “V”...
EL MUNDO FUNERARIO EN TARTESSOS
La arqueología protohistórica basa buena parte de su conocimiento en las necrópolis, una documentación imprescindible para abordar con cierta solvencia los estudios sobre la organización social de los vivos, pero también porque aporta una rica documentación capaz de ilustrarnos sobre las costumbres cotidianas de nuestros antepasados, su régimen alimenticio, enfermedades, media de edad, etc. Con respecto al mundo tartesico, su estudio se hace aún más imprescindible toda vez que carecemos de trabajos en extensión que nos faciliten la comprensión de su sistema social a través de los escasos restos de hábitat documentados, por lo que las distintas hipótesis que se vienen realizando sobre la jerarquización y estratificación social derivan fundamentalmente de las necrópolis excavadas.  No obstante, y a pesar de que disponemos ya de un buen número de enterramientos de época tartesica en las distintas áreas afectadas por su cultura, aun son muchas las dudas existentes. Una de ella se refiere al origen del ritual más extensamente desarrollado, la incineración, que para otros ya estaría presente cuando se instalaron los primeros fenicios; otra de las dudas que ha generado un enconado debate entre los investigadores es la adscripción cultural de muchos de estos enterramientos, para unos son claramente tartesicos, mientras que para otros no son sino un reflejo del ritual oriental y, por lo tanto, son tumbas de individuos de origen fenicio que conservan con algún lógico cambio sus ceremonias funerarias.
EL MUNDO FUNERARIO EN TARTESSOS La arqueología protohistórica basa buena parte de su conocimiento en las necrópolis, una documentación imprescindible para abordar con cierta solvencia los estudios sobre la organización social de los vivos, pero también porque aporta una rica documentación capaz de ilustrarnos sobre las costumbres cotidianas de nuestros antepasados, su régimen alimenticio, enfermedades, media de edad, etc. Con respecto al mundo tartesico, su estudio se hace aún más imprescindible toda vez que carecemos de trabajos en extensión que nos faciliten la comprensión de su sistema social a través de los escasos restos de hábitat documentados, por lo que las distintas hipótesis que se vienen realizando sobre la jerarquización y estratificación social derivan fundamentalmente de las necrópolis excavadas. No obstante, y a pesar de que disponemos ya de un buen número de enterramientos de época tartesica en las distintas áreas afectadas por su cultura, aun son muchas las dudas existentes. Una de ella se refiere al origen del ritual más extensamente desarrollado, la incineración, que para otros ya estaría presente cuando se instalaron los primeros fenicios; otra de las dudas que ha generado un enconado debate entre los investigadores es la adscripción cultural de muchos de estos enterramientos, para unos son claramente tartesicos, mientras que para otros no son sino un reflejo del ritual oriental y, por lo tanto, son tumbas de individuos de origen fenicio que conservan con algún lógico cambio sus ceremonias funerarias.
La presencia de estas cerámicas indígenas de gran calidad en un santuario fenicio como El Carambolo, no hace sino confirmar la participación directa de los indígenas en la estructura social fenicia desde los primeros momentos de la colonización, sin que se deba descartar incluso su participación en el funcionamiento del santuario; sería más lógico calificarlo como tartesico, toda vez que con el paso del tiempo se debió producir una manifiesta conjunción de intereses entre ambas comunidades.
Otro de los descubrimientos más importantes de la última década ha sido el santuario hallado en el Cerro de San Juan, en Coria del Rio, la antigua Caura. En las excavaciones de urgencia realizadas a finales de los años 90 del pasado siglo se documentaron hasta cinco santuarios superpuestos de similar planta y orientados al sol naciente, fechados entre los siglos VIII y VI a.C., en consonancia por lo tanto con el de El Carambolo.
La presencia de estas cerámicas indígenas de gran calidad en un santuario fenicio como El Carambolo, no hace sino confirmar la participación directa de los indígenas en la estructura social fenicia desde los primeros momentos de la colonización, sin que se deba descartar incluso su participación en el funcionamiento del santuario; sería más lógico calificarlo como tartesico, toda vez que con el paso del tiempo se debió producir una manifiesta conjunción de intereses entre ambas comunidades. Otro de los descubrimientos más importantes de la última década ha sido el santuario hallado en el Cerro de San Juan, en Coria del Rio, la antigua Caura. En las excavaciones de urgencia realizadas a finales de los años 90 del pasado siglo se documentaron hasta cinco santuarios superpuestos de similar planta y orientados al sol naciente, fechados entre los siglos VIII y VI a.C., en consonancia por lo tanto con el de El Carambolo.
Sin olvidar el peso específico de las cerámicas de origen Mediterráneo y especialmente de las fenicias, muy abundantes en el yacimiento, uno de los conjuntos más significativos de El Carambolo es el lote de cerámicas de tradición indígena que han servido para definir el horizonte tartesico; en primer lugar las denominadas “retículas bruñidas”, cazuelas carenadas realizadas a manos pero con acabados muy cuidados, y abundantes en todo el suroeste peninsular, por lo que han servido para definir la fase pre fenicia de toda esta zona. El segundo tipo, detectado por vez primera en el propio Carambolo y luego documentado en otros yacimientos del suroeste, es el denominado “tipo Carambolo” o, según la tipología de Ruiz Mata, tipo Guadalquivir I; son vasos también realizados a mano, pero en este caso con decoraciones de tipo geométrico realizadas con pintura rojiza sobre la superficie alisada de unos recipientes que responden a distintos tipos, desde las clásicas cazuelas carenadas, hasta los vasos ovoides y los soportes cerámicos. Los motivos decorativos de estas cerámicas parecen responder la influjo de las cerámicas griegas del Geométrico Medio que se atestiguan tanto en el yacimiento como en los recientes yacimientos en Huelva, por lo que parece lógico pensar  que nos hallamos ante cerámicas de factura indígena influenciadas en su decoración por los nuevos modelos que llegan del Mediterráneo.
Sin olvidar el peso específico de las cerámicas de origen Mediterráneo y especialmente de las fenicias, muy abundantes en el yacimiento, uno de los conjuntos más significativos de El Carambolo es el lote de cerámicas de tradición indígena que han servido para definir el horizonte tartesico; en primer lugar las denominadas “retículas bruñidas”, cazuelas carenadas realizadas a manos pero con acabados muy cuidados, y abundantes en todo el suroeste peninsular, por lo que han servido para definir la fase pre fenicia de toda esta zona. El segundo tipo, detectado por vez primera en el propio Carambolo y luego documentado en otros yacimientos del suroeste, es el denominado “tipo Carambolo” o, según la tipología de Ruiz Mata, tipo Guadalquivir I; son vasos también realizados a mano, pero en este caso con decoraciones de tipo geométrico realizadas con pintura rojiza sobre la superficie alisada de unos recipientes que responden a distintos tipos, desde las clásicas cazuelas carenadas, hasta los vasos ovoides y los soportes cerámicos. Los motivos decorativos de estas cerámicas parecen responder la influjo de las cerámicas griegas del Geométrico Medio que se atestiguan tanto en el yacimiento como en los recientes yacimientos en Huelva, por lo que parece lógico pensar que nos hallamos ante cerámicas de factura indígena influenciadas en su decoración por los nuevos modelos que llegan del Mediterráneo.
No menos importantes son los materiales recuperados en el yacimiento como prueba más que evidente  de su carácter tanto oriental como religioso. De las antiguas excavaciones se conocen materiales muy notables, como huevos de avestruz, pilas de piedra, betilos o fragmentos de un quemaperfumes, amén del propio tesoro y la estatua de bronce en la que reza una dedicación a la diosa Astarté. Pero no menos significativos son los hallazgos procedentes de los recientes trabajos arqueológicos, donde destaca la abundancia de huesos de animales exhumados en fosas halladas junto al santuario, procedente sin duda de los sacrificios realizados en su interior. Entre los objetos más significativos destaca especialmente un exvoto, aunque también se ha interpretado como elemento del ajuar litúrgico, de un navío de cerámica rematado por un protomo de caballo que reproduce una embarcación fenicia de mercancías lo que pone directamente en relación estos santuarios  costeros  con la protección de la deidad a la navegación, además de ejercer de auténticos referentes visuales o faros para los navegantes. Escarabeos egipcios, cerámicas de procedencia griega, sarda y chipriota, cuencos con decoración de rosetas que habitualmente se ponen en relación con la representación de Astarté, completan los materiales exhumados en el complejo religioso.
No menos importantes son los materiales recuperados en el yacimiento como prueba más que evidente de su carácter tanto oriental como religioso. De las antiguas excavaciones se conocen materiales muy notables, como huevos de avestruz, pilas de piedra, betilos o fragmentos de un quemaperfumes, amén del propio tesoro y la estatua de bronce en la que reza una dedicación a la diosa Astarté. Pero no menos significativos son los hallazgos procedentes de los recientes trabajos arqueológicos, donde destaca la abundancia de huesos de animales exhumados en fosas halladas junto al santuario, procedente sin duda de los sacrificios realizados en su interior. Entre los objetos más significativos destaca especialmente un exvoto, aunque también se ha interpretado como elemento del ajuar litúrgico, de un navío de cerámica rematado por un protomo de caballo que reproduce una embarcación fenicia de mercancías lo que pone directamente en relación estos santuarios costeros con la protección de la deidad a la navegación, además de ejercer de auténticos referentes visuales o faros para los navegantes. Escarabeos egipcios, cerámicas de procedencia griega, sarda y chipriota, cuencos con decoración de rosetas que habitualmente se ponen en relación con la representación de Astarté, completan los materiales exhumados en el complejo religioso.
El gran número de excavaciones remiten que la ocupación de esta zona fue iniciada entre siglo IX y principios del VIII a.n.e. De todas las épocas de construcciones religiosas nos interesa la Fase III, una superficie de más de 2000 metros cuadrados orientada al sol denominada Carambolo III; todo esto se organizaba entorno a un gran patio dividido en tres conjuntos  subordinado a pequeños patios interiores; el complejo constructivo resultante logra su máximo desarrollo. Es claro la identificación del lugar como uno religioso; de los elementos excavados se encuentran: Un altar localizado en el santuario “A” de Cancho Roano, que se le suman los dos espacios identificados como capillas, el primero circular dedicadoa Astarté, y el segundo en forma de piel de toro tumbada, asociado al culto a Baal. En la parte interior, los suelos están compuestos por de arcilla roja, decoradas con motivos geométricos.Todo el lugar está rodeado por un muro con función de protección frente a lo exterior.
El gran número de excavaciones remiten que la ocupación de esta zona fue iniciada entre siglo IX y principios del VIII a.n.e. De todas las épocas de construcciones religiosas nos interesa la Fase III, una superficie de más de 2000 metros cuadrados orientada al sol denominada Carambolo III; todo esto se organizaba entorno a un gran patio dividido en tres conjuntos subordinado a pequeños patios interiores; el complejo constructivo resultante logra su máximo desarrollo. Es claro la identificación del lugar como uno religioso; de los elementos excavados se encuentran: Un altar localizado en el santuario “A” de Cancho Roano, que se le suman los dos espacios identificados como capillas, el primero circular dedicadoa Astarté, y el segundo en forma de piel de toro tumbada, asociado al culto a Baal. En la parte interior, los suelos están compuestos por de arcilla roja, decoradas con motivos geométricos.Todo el lugar está rodeado por un muro con función de protección frente a lo exterior.
El Carambolo es conocido ya por el yacimiento más importante de toda la cultura tartésica (descubierto en 1958), y tras muchas investigaciones se ha intentado hallar la función del mismo. Ha sido creído, hasta hace unos años, como un poblado procedente del Bronce Final, pero después de profundizar en esta excavación es, a día de hoy, calificado como un santuario fenicio.  El “fondo de cabaña” llamó, desde un principio, la atención de los investigadores donde se halló el conocido tesoro áureo, cuyos materiales destacamos algunos betilos y otros objetos relacionados con el culto, pero estos materiales encontrados hizo que cambiara la visión de algunos arqueólogos, según la cual la presunta cabaña correspondería a un depósito de una gran fosa de carácter ritual en la que se realizaban los sacrificios. El testimonio de una Arqueóloga argumenta que: “El Carambolo Bajo no fue un poblado tartésico, sino un santuario fenicio en el que recibía culto la diosa Astarté”. Esta afirmación propuesta en el 2001 hizo que cambiara la visión de los investigadores sobre este santuario/poblado hasta día de hoy.  De confirmarse algún día la existencia de "Spal", un poblado de fundación fenicia, el Carambolo sería meramente un santuario extra urbano en una posición privilegiada gracias al río Guadalquivir
El Carambolo es conocido ya por el yacimiento más importante de toda la cultura tartésica (descubierto en 1958), y tras muchas investigaciones se ha intentado hallar la función del mismo. Ha sido creído, hasta hace unos años, como un poblado procedente del Bronce Final, pero después de profundizar en esta excavación es, a día de hoy, calificado como un santuario fenicio. El “fondo de cabaña” llamó, desde un principio, la atención de los investigadores donde se halló el conocido tesoro áureo, cuyos materiales destacamos algunos betilos y otros objetos relacionados con el culto, pero estos materiales encontrados hizo que cambiara la visión de algunos arqueólogos, según la cual la presunta cabaña correspondería a un depósito de una gran fosa de carácter ritual en la que se realizaban los sacrificios. El testimonio de una Arqueóloga argumenta que: “El Carambolo Bajo no fue un poblado tartésico, sino un santuario fenicio en el que recibía culto la diosa Astarté”. Esta afirmación propuesta en el 2001 hizo que cambiara la visión de los investigadores sobre este santuario/poblado hasta día de hoy. De confirmarse algún día la existencia de "Spal", un poblado de fundación fenicia, el Carambolo sería meramente un santuario extra urbano en una posición privilegiada gracias al río Guadalquivir
La llegada a Jerusalén
Ahora se trata de bordear el Mar Muerto hasta Jerusalén. Los Reyes enfilan hacia el norte y pasan el río Jordán. Hoy aquí hay un puente que llevó el nombre del general Allenby y después se rebautizó con el del rey Hussein. Entonces no había puente, así que los reyes cruzaron en almadías, con todo su multitudinario séquito y sus camellos. Como era sábado, día santo de los judíos, tuvieron que arreglárselas solos: nadie les ayudó. Pasan el Jordán, dejan Jericó a la derecha y, a la izquierda, Qum Ram, donde muchos siglos después aparecerán los manuscritos esenios.
Los Reyes no van directamente a Belén, sino que antes se detienen en Jerusalén. Allí se entrevistan con Herodes, un rey puesto por los romanos para controlar el territorio. Pero Herodes (no confundir con su hijo Herodes Antipas, que es el de la Pasión) dice no saber nada. Para colmo, la estrella que había guiado a los Reyes deja de verse. Desolados, los Reyes Magos entienden que nada tienen que hacer allí y acuden a Belén, algo más de cinco kilómetros al sur por el viejo camino de Hebrón. Pasan por el villorrio de Bayt Jala. ¿Por qué? Es un misterio. El caso es que llegan a Belén. Buscan la gruta en la que ha nacido Dios, como su estrella les dijo. Y lo encuentran. ¿Fue así? No lo sabemos. Pero pudo ser. Si esta fue la ruta, los Reyes pudieron cubrir unos 2.000 kilómetros, desde los Montes Zagros, Mesopotamia y el Golfo Pérsico, hasta Jerusalén y Belén. Un largo camino. Cierto que lo que hallaron en la meta merecía la pena.
La llegada a Jerusalén Ahora se trata de bordear el Mar Muerto hasta Jerusalén. Los Reyes enfilan hacia el norte y pasan el río Jordán. Hoy aquí hay un puente que llevó el nombre del general Allenby y después se rebautizó con el del rey Hussein. Entonces no había puente, así que los reyes cruzaron en almadías, con todo su multitudinario séquito y sus camellos. Como era sábado, día santo de los judíos, tuvieron que arreglárselas solos: nadie les ayudó. Pasan el Jordán, dejan Jericó a la derecha y, a la izquierda, Qum Ram, donde muchos siglos después aparecerán los manuscritos esenios. Los Reyes no van directamente a Belén, sino que antes se detienen en Jerusalén. Allí se entrevistan con Herodes, un rey puesto por los romanos para controlar el territorio. Pero Herodes (no confundir con su hijo Herodes Antipas, que es el de la Pasión) dice no saber nada. Para colmo, la estrella que había guiado a los Reyes deja de verse. Desolados, los Reyes Magos entienden que nada tienen que hacer allí y acuden a Belén, algo más de cinco kilómetros al sur por el viejo camino de Hebrón. Pasan por el villorrio de Bayt Jala. ¿Por qué? Es un misterio. El caso es que llegan a Belén. Buscan la gruta en la que ha nacido Dios, como su estrella les dijo. Y lo encuentran. ¿Fue así? No lo sabemos. Pero pudo ser. Si esta fue la ruta, los Reyes pudieron cubrir unos 2.000 kilómetros, desde los Montes Zagros, Mesopotamia y el Golfo Pérsico, hasta Jerusalén y Belén. Un largo camino. Cierto que lo que hallaron en la meta merecía la pena.
Los tres reyes comparten camino durante meses hasta llegar a Judea. Entran en Judea, por el sur, por la tierra de los moabitas, que hoy es una dura meseta caliza y entonces era el reino de los nabateos. Un poco más al sur habrían llegado a la fascinante Petra, esa lujosa ciudad monumental excavada en la piedra del desierto. Pero los Reyes tuercen a la derecha, hacia el norte. Atraviesan un arroyo que desemboca en el Mar Muerto –tal vez el curso alto del río Arnón, hoy el Guadalmauyib jordano- y se detienen en Metán. Una de las principales rutas caravaneras de oriente terminaba en Dibón, en la orilla este del Mar Muerto, cerca del río Arnón. Hoy allí no hay absolutamente nada. Estamos en una gran hoya, casi 400 metros por debajo del nivel del mar. Pero se cree que por aquí pasaron los Reyes repartiendo dádivas entre los paisanos.
Los tres reyes comparten camino durante meses hasta llegar a Judea. Entran en Judea, por el sur, por la tierra de los moabitas, que hoy es una dura meseta caliza y entonces era el reino de los nabateos. Un poco más al sur habrían llegado a la fascinante Petra, esa lujosa ciudad monumental excavada en la piedra del desierto. Pero los Reyes tuercen a la derecha, hacia el norte. Atraviesan un arroyo que desemboca en el Mar Muerto –tal vez el curso alto del río Arnón, hoy el Guadalmauyib jordano- y se detienen en Metán. Una de las principales rutas caravaneras de oriente terminaba en Dibón, en la orilla este del Mar Muerto, cerca del río Arnón. Hoy allí no hay absolutamente nada. Estamos en una gran hoya, casi 400 metros por debajo del nivel del mar. Pero se cree que por aquí pasaron los Reyes repartiendo dádivas entre los paisanos.
Los magos vieron la Estrella –fuera lo que fuere- y se pusieron en camino. Gaspar y Baltasar estaban juntos en el momento de divisar la luz, así que emprendieron juntos la ruta. Hay que imaginar el largo y vistoso séquito de sirvientes y escoltas, la caravana de mulas y dromedarios. Una antigua ruta caravanera bordea el desierto de Arabia y Siria, al sur del Éufrates, para descender a lo que hoy es Jordania. Este es el camino que toman Gaspar y Baltasar. En cuanto a Melchor, que viaja en solitario y desde el norte, cruza Babilonia para alcanzar a sus compañeros. Por otro camino –la ruta caravanera del norte, la que bajaba desde el curso alto del Éufrates hasta Damasco- hubiera podido llegar antes a Belén, pero Melchor prefiere viajar junto a Gaspar y Baltasar. De manera que cruza el Tigris y el Éufrates hacia el sur: Sippar, Babilonia, Borsippa, el viejo imperio de Nabucodonosor, ahora en manos de los partos, y se reúne con sus amigos en una ciudad enigmática, en ruinas, una urbe fantasma de la que ya entonces sólo quedaban largas filas de columnas y anchas puertas almenadas, con algunas estatuas de airosa compostura. ¿Cuál era esa ciudad? Es un misterio. Por la descripción, debió de tratarse de alguna vieja capital edificada en tiempos de Alejandro. Nada, en todo caso, quedaba entonces de ella; menos queda hoy.
Los magos vieron la Estrella –fuera lo que fuere- y se pusieron en camino. Gaspar y Baltasar estaban juntos en el momento de divisar la luz, así que emprendieron juntos la ruta. Hay que imaginar el largo y vistoso séquito de sirvientes y escoltas, la caravana de mulas y dromedarios. Una antigua ruta caravanera bordea el desierto de Arabia y Siria, al sur del Éufrates, para descender a lo que hoy es Jordania. Este es el camino que toman Gaspar y Baltasar. En cuanto a Melchor, que viaja en solitario y desde el norte, cruza Babilonia para alcanzar a sus compañeros. Por otro camino –la ruta caravanera del norte, la que bajaba desde el curso alto del Éufrates hasta Damasco- hubiera podido llegar antes a Belén, pero Melchor prefiere viajar junto a Gaspar y Baltasar. De manera que cruza el Tigris y el Éufrates hacia el sur: Sippar, Babilonia, Borsippa, el viejo imperio de Nabucodonosor, ahora en manos de los partos, y se reúne con sus amigos en una ciudad enigmática, en ruinas, una urbe fantasma de la que ya entonces sólo quedaban largas filas de columnas y anchas puertas almenadas, con algunas estatuas de airosa compostura. ¿Cuál era esa ciudad? Es un misterio. Por la descripción, debió de tratarse de alguna vieja capital edificada en tiempos de Alejandro. Nada, en todo caso, quedaba entonces de ella; menos queda hoy.
Sabios que escrutan el horizonte
Desde mucho antes del nacimiento de Cristo, varias generaciones de sabios escrutaron el horizonte para verificar la profecía: una estrella anunciaría el nacimiento de un rey. Tales observaciones se efectuaban desde una alta montaña que la tradición conoce como Vaus o Victoriales, en el confín occidental de la India. Probablemente se trata del monte Zard Küh, 4.548 m., en Irán, la cumbre más alta de los Montes Zagros. Hay innumerables estudios sobre qué tipo de astro pudo haber sido el que diera el aviso: casi todos los investigadores coinciden en que no fue tanto un astro como una conjunción o, más precisamente, una serie inusual de conjunciones y fenómenos. El hecho es que en esta cumbre habrían confluido tres reyes, o tres magos, o tres magos de estirpe real. Uno, Teokeno, luego llamado Melchor, vivía en Media, la tierra de los medos, a orillas del Caspio, quizás al sur del actual Turkmenistán. El segundo, Mensor, luego llamado Gaspar, de estirpe caldea, gobernaba las islas del Éufrates, tal vez en la actual frontera entre Irán e Irak. El tercero, Sair, luego llamado Baltasar, venía aún más del sur, quizá de lo que hoy es Kuwait, al sur del lago de Basora. A Melchor se le supone un origen indio; a Gaspar, persa; a Baltasar, árabe. Hay que decir que esos nombres no son los únicos que se ha atribuido a los magos en la literatura del cristianismo temprano: en griego se llamaron Apelikón, Amerín y Damascón, y en hebreo Magalath, Serakín y Galgalath.
Sabios que escrutan el horizonte Desde mucho antes del nacimiento de Cristo, varias generaciones de sabios escrutaron el horizonte para verificar la profecía: una estrella anunciaría el nacimiento de un rey. Tales observaciones se efectuaban desde una alta montaña que la tradición conoce como Vaus o Victoriales, en el confín occidental de la India. Probablemente se trata del monte Zard Küh, 4.548 m., en Irán, la cumbre más alta de los Montes Zagros. Hay innumerables estudios sobre qué tipo de astro pudo haber sido el que diera el aviso: casi todos los investigadores coinciden en que no fue tanto un astro como una conjunción o, más precisamente, una serie inusual de conjunciones y fenómenos. El hecho es que en esta cumbre habrían confluido tres reyes, o tres magos, o tres magos de estirpe real. Uno, Teokeno, luego llamado Melchor, vivía en Media, la tierra de los medos, a orillas del Caspio, quizás al sur del actual Turkmenistán. El segundo, Mensor, luego llamado Gaspar, de estirpe caldea, gobernaba las islas del Éufrates, tal vez en la actual frontera entre Irán e Irak. El tercero, Sair, luego llamado Baltasar, venía aún más del sur, quizá de lo que hoy es Kuwait, al sur del lago de Basora. A Melchor se le supone un origen indio; a Gaspar, persa; a Baltasar, árabe. Hay que decir que esos nombres no son los únicos que se ha atribuido a los magos en la literatura del cristianismo temprano: en griego se llamaron Apelikón, Amerín y Damascón, y en hebreo Magalath, Serakín y Galgalath.
Y sobre estas cosas que todo el mundo sabe, la tradición (tanto popular como erudita), las revelaciones místicas y el estudio historiográfico han permitido construir hipótesis de gran riqueza e interés. Aquí resumiremos una de ellas basada en tres fuentes. Una, legendaria, es El libro de los reyes magos de Juan de Hildesheim, hacia 1370. Otra, mística, son las Visiones de Anna Katherina Emmerich, finales del siglo XVIII. La tercera, académica, es el imprescindible tratado de Franco Cardini Los Reyes Magos, publicado en el año 2000.
Y sobre estas cosas que todo el mundo sabe, la tradición (tanto popular como erudita), las revelaciones místicas y el estudio historiográfico han permitido construir hipótesis de gran riqueza e interés. Aquí resumiremos una de ellas basada en tres fuentes. Una, legendaria, es El libro de los reyes magos de Juan de Hildesheim, hacia 1370. Otra, mística, son las Visiones de Anna Katherina Emmerich, finales del siglo XVIII. La tercera, académica, es el imprescindible tratado de Franco Cardini Los Reyes Magos, publicado en el año 2000.
Vinieron unos magos de oriente, siguiendo el camino de una estrella, y adoraron al Niño Dios. Esta es una de las tradiciones más sólidas, antiguas y arraigadas del imaginario cristiano. Todo el mundo sabe que la fuente evangélica de esta tradición es el texto de Mateo (2, 1-2). Todo el mundo sabe que Mateo habla de “magos”, sin precisar número ni otra condición. Todo el mundo sabe que la palabra “magos”, en el contexto evangélico, designa específicamente a la casta sacerdotal meda o persa, una de cuyas fuentes de conocimiento era la observación astronómica y cuyos miembros, por otro lado, solían salir de los linajes aristocráticos (de ahí que no sea incongruente llamarlos “reyes”). Todo el mundo sabe, en fin, que la tradición que sigue viva en la Iglesia católica no bebe tanto en el escueto texto evangélico como en otras fuentes apócrifas (el Pseudo Tomás del siglo II, por ejemplo).
Vinieron unos magos de oriente, siguiendo el camino de una estrella, y adoraron al Niño Dios. Esta es una de las tradiciones más sólidas, antiguas y arraigadas del imaginario cristiano. Todo el mundo sabe que la fuente evangélica de esta tradición es el texto de Mateo (2, 1-2). Todo el mundo sabe que Mateo habla de “magos”, sin precisar número ni otra condición. Todo el mundo sabe que la palabra “magos”, en el contexto evangélico, designa específicamente a la casta sacerdotal meda o persa, una de cuyas fuentes de conocimiento era la observación astronómica y cuyos miembros, por otro lado, solían salir de los linajes aristocráticos (de ahí que no sea incongruente llamarlos “reyes”). Todo el mundo sabe, en fin, que la tradición que sigue viva en la Iglesia católica no bebe tanto en el escueto texto evangélico como en otras fuentes apócrifas (el Pseudo Tomás del siglo II, por ejemplo).
Málaga, Andalucia - España. 05.01.18
Cabalgata de Los Reyes Magos por Málaga 🙌 Me encanta lo importante de celebrar esta tradición en toda España, es un evento lleno de magia y alegría, donde todos los niños gozan y los adultos se dan el gozo de ser niños otra vez! Ya con ganas de vivir de nuevo esta maravillosa experiencia y que os recomiendo 100% 😉 #Malaga #Andalucia #malagaandalucia #España #Spain
#CabalgatadeReyes #CabalgataDeReyesMagos #Cabalgatadereyesmalaga #cabalgatadereyes2018 #diversion #reyesmagos #regalos #caramelos #alegria #viaje #viajar #viajeros #travel #traveler #malagalovers #likemalaga #visitamalaga #malagacentro #málaga #malagalife #malagueños #vanedeviaje
Málaga, Andalucia - España. 05.01.18 Cabalgata de Los Reyes Magos por Málaga 🙌 Me encanta lo importante de celebrar esta tradición en toda España, es un evento lleno de magia y alegría, donde todos los niños gozan y los adultos se dan el gozo de ser niños otra vez! Ya con ganas de vivir de nuevo esta maravillosa experiencia y que os recomiendo 100% 😉 #Malaga  #Andalucia  #malagaandalucia  #España  #Spain  #CabalgatadeReyes  #CabalgataDeReyesMagos  #Cabalgatadereyesmalaga  #cabalgatadereyes2018  #diversion  #reyesmagos  #regalos  #caramelos  #alegria  #viaje  #viajar  #viajeros  #travel  #traveler  #malagalovers  #likemalaga  #visitamalaga  #malagacentro  #málaga  #malagalife  #malagueños  #vanedeviaje 
A la vista de estos acontecimientos los fenicios tuvieron que adoptar tradiciones de las cultura indígenas para favorecer así su integración, a pesar de que perduraran los ritos de los colonizadores. La religión fenicia se encontraba en un sistema social jerarquizado mientras que la sociedad que los recibe en la península era completamente distinto, esto llevó a que la religión fue el vehículo más rápido para la colonización, transmitida principalmente en los santuarios controlados por la influencia fenicia como se puede demostrar en su arquitectura tan característica. Pero con el tiempo, tanto las necrópolis como los propios santuarios se fueron formando de una manera más original. 
Los santuarios más antiguos se establecieron junto al curso del Bajo Guadalquivir y en el foco tartésico (en una zona de Huelva), también se han encontrado en zonas como en la costa portuguesa o suroeste peninsular, si bien es cierto que buena parte de algunos aspectos culturales tartésicos los conocemos a través de estos edificios de caracter religioso.
Sin embargo, para poder declarar estos santuarios como "lugares de culto" deberíamos partir de la consideración de Renfrew, esta argumenta que:  La identificación de un lugar de culto debe realizarse en base a un conjunto de varios atributos y nunca por la existencia de un único. Para el mundo ibérico ya se han creado muchas identificaciones para establecer una zona como lugar de culto, sin embargo, los tartessos carecieron de esos métodos. Aun así también se pueden incluir otros lugares de culto como capillas urbanas, de carácter público o doméstico pero con ausencia de documentación. Recordemos que en la zona ibérica hay muchos ediicios calificados como "sacros". La complejidad de estos santuarios sería proporcional a la importancia que el pueblo le daba, en función de esto, estarían más lejos o más cerca del centro, también es un hecho a destacar la similitud de la panta de los mismos, pero la importancia estaría en los elementos utilizados en el interior,  como ya apuntó M. Belén “un santuario o templo se debe deducir por los símbolos hallados en su interior opor el hallazgo de ofrendas o evidencias rituales”.
A la vista de estos acontecimientos los fenicios tuvieron que adoptar tradiciones de las cultura indígenas para favorecer así su integración, a pesar de que perduraran los ritos de los colonizadores. La religión fenicia se encontraba en un sistema social jerarquizado mientras que la sociedad que los recibe en la península era completamente distinto, esto llevó a que la religión fue el vehículo más rápido para la colonización, transmitida principalmente en los santuarios controlados por la influencia fenicia como se puede demostrar en su arquitectura tan característica. Pero con el tiempo, tanto las necrópolis como los propios santuarios se fueron formando de una manera más original. Los santuarios más antiguos se establecieron junto al curso del Bajo Guadalquivir y en el foco tartésico (en una zona de Huelva), también se han encontrado en zonas como en la costa portuguesa o suroeste peninsular, si bien es cierto que buena parte de algunos aspectos culturales tartésicos los conocemos a través de estos edificios de caracter religioso. Sin embargo, para poder declarar estos santuarios como "lugares de culto" deberíamos partir de la consideración de Renfrew, esta argumenta que: La identificación de un lugar de culto debe realizarse en base a un conjunto de varios atributos y nunca por la existencia de un único. Para el mundo ibérico ya se han creado muchas identificaciones para establecer una zona como lugar de culto, sin embargo, los tartessos carecieron de esos métodos. Aun así también se pueden incluir otros lugares de culto como capillas urbanas, de carácter público o doméstico pero con ausencia de documentación. Recordemos que en la zona ibérica hay muchos ediicios calificados como "sacros". La complejidad de estos santuarios sería proporcional a la importancia que el pueblo le daba, en función de esto, estarían más lejos o más cerca del centro, también es un hecho a destacar la similitud de la panta de los mismos, pero la importancia estaría en los elementos utilizados en el interior, como ya apuntó M. Belén “un santuario o templo se debe deducir por los símbolos hallados en su interior opor el hallazgo de ofrendas o evidencias rituales”.
Si en un principio el santuario debió significar la unión entre la metrópoli fenicia y la colonia, con el tiempo, y gracias al politeísmo y a la ductilidad de la religión fenicia, debió convertirse en el punto de encuentro entre los colonizadores y los indígenas, para quienes representaría la garantía  de sus intercambios comerciales. Como es lógico, la construcción de los nuevos santuarios por parte de los fenicios debía contar con el beneplácito de los indígenas para así asegurarse la fluidez del transporte, así como las mínimas garantías de seguridad en el almacenaje de los productos. De esta forma, los santuarios más antiguos se levantaron en puntos de gran valor estratégico, en promontorios junto al curso del Guadalquivir, mientras que con el paso del tiempo y tras la expansión de la colonización y la consiguiente interacción con los indígenas, estos edificios aparecen diseminados por un amplio territorio, controlando ahora otros puntos de interés económico y geoestratégico.
Si en un principio el santuario debió significar la unión entre la metrópoli fenicia y la colonia, con el tiempo, y gracias al politeísmo y a la ductilidad de la religión fenicia, debió convertirse en el punto de encuentro entre los colonizadores y los indígenas, para quienes representaría la garantía de sus intercambios comerciales. Como es lógico, la construcción de los nuevos santuarios por parte de los fenicios debía contar con el beneplácito de los indígenas para así asegurarse la fluidez del transporte, así como las mínimas garantías de seguridad en el almacenaje de los productos. De esta forma, los santuarios más antiguos se levantaron en puntos de gran valor estratégico, en promontorios junto al curso del Guadalquivir, mientras que con el paso del tiempo y tras la expansión de la colonización y la consiguiente interacción con los indígenas, estos edificios aparecen diseminados por un amplio territorio, controlando ahora otros puntos de interés económico y geoestratégico.
La colonización fenicia en la península ibérica está estrechamente ligada a la fundación del templo de Melkart en Cádiz, centro religioso que alcanzo una considerable fama incluso en época romana. Tras su fundación en la primera colonia del extremo occidental, los fenicios debieron promover la construcción de otros templos o santuarios en las zonas que iban colonizando en el entorno de la desembocadura del Guadalquivir, así, el santuario debió convertirse en un nexo entre los fenicios y los indígenas. Según Aubet, en su monografía sobre Tiro y las colonias fenicias de occidente, el santuario era un pilar fundamental en el desarrollo del comercio antiguo, “la protección a los visitantes de un mercado o lugar de intercambio estaba garantizada por un templo edificado en las proximidades, que, en ocasiones, actuaba como eficaz intermediario financiero o banco. Los santuarios  fueron en la antigüedad los primeros lugares de transacciones comerciales en país extranjero. La primera condición  de todo mercado o colonia comercial  establecida  en una  frontera o país lejano era la seguridad de que sus visitantes no iban a ser molestados o robados. Y esta seguridad la ofrecía, por regla general, un dios, bajo cuyos auspicios y protección se verificaban las transacciones”. El dios no solo garantizaría la calidad de las mercancías, sino que también sancionaría el intercambio efectuado, recibiendo el santuario a cambio una fracción de los beneficios adquiridos por las partes involucradas. Po ello, recibiría una serie de prebendas que enriquecerían considerablemente sus arcas, lo que justificaría las continuas reformas y ampliaciones de los santuarios excavados en el área tartesica y la calidad tanto de sus tesoros como de los objetos exóticos hallados en su interior.
La colonización fenicia en la península ibérica está estrechamente ligada a la fundación del templo de Melkart en Cádiz, centro religioso que alcanzo una considerable fama incluso en época romana. Tras su fundación en la primera colonia del extremo occidental, los fenicios debieron promover la construcción de otros templos o santuarios en las zonas que iban colonizando en el entorno de la desembocadura del Guadalquivir, así, el santuario debió convertirse en un nexo entre los fenicios y los indígenas. Según Aubet, en su monografía sobre Tiro y las colonias fenicias de occidente, el santuario era un pilar fundamental en el desarrollo del comercio antiguo, “la protección a los visitantes de un mercado o lugar de intercambio estaba garantizada por un templo edificado en las proximidades, que, en ocasiones, actuaba como eficaz intermediario financiero o banco. Los santuarios fueron en la antigüedad los primeros lugares de transacciones comerciales en país extranjero. La primera condición de todo mercado o colonia comercial establecida en una frontera o país lejano era la seguridad de que sus visitantes no iban a ser molestados o robados. Y esta seguridad la ofrecía, por regla general, un dios, bajo cuyos auspicios y protección se verificaban las transacciones”. El dios no solo garantizaría la calidad de las mercancías, sino que también sancionaría el intercambio efectuado, recibiendo el santuario a cambio una fracción de los beneficios adquiridos por las partes involucradas. Po ello, recibiría una serie de prebendas que enriquecerían considerablemente sus arcas, lo que justificaría las continuas reformas y ampliaciones de los santuarios excavados en el área tartesica y la calidad tanto de sus tesoros como de los objetos exóticos hallados en su interior.
La proliferación de estos edificios ha introducido un tema inédito en nuestra protohistoria hasta los años 80 del pasado siglo, a raíz del hallazgo del santuario de Cancho Roano, situado en la periferia tartesica, lo que desde un principio abrió la posibilidad de hallar otros monumentos de estas características en el núcleo de Tartessos, donde como es lógico, se debía de haber originado este fenómeno. Y en efecto, tras las recientes excavaciones en El Carambolo y la reinterpretación de algunos edificios excavados en las pasadas décadas, se ha abierto una nueva vía en la investigación que nos está aportando una magnifica documentación sobre las técnicas constructivas de estos singulares monumentos, sobre la organización del territorio y sobre la importancia de la religión en los primeros compases de la colonización a través de estos santuarios.
La proliferación de estos edificios ha introducido un tema inédito en nuestra protohistoria hasta los años 80 del pasado siglo, a raíz del hallazgo del santuario de Cancho Roano, situado en la periferia tartesica, lo que desde un principio abrió la posibilidad de hallar otros monumentos de estas características en el núcleo de Tartessos, donde como es lógico, se debía de haber originado este fenómeno. Y en efecto, tras las recientes excavaciones en El Carambolo y la reinterpretación de algunos edificios excavados en las pasadas décadas, se ha abierto una nueva vía en la investigación que nos está aportando una magnifica documentación sobre las técnicas constructivas de estos singulares monumentos, sobre la organización del territorio y sobre la importancia de la religión en los primeros compases de la colonización a través de estos santuarios.
LA ARQUITECTURA RELIGIOSA EN TARTESSOS
En los últimos años se han descubierto una serie de edificios datados entre los siglos VIII y VII a.n.e que se vienen asociando a un función religiosa. Como se apuntaba antes, son edificios que o bien parecen aislados o bien se integran en el entramado urbano, en cuyo caso se denominan “edificios singulares”, ya por exceder las dimensiones del resto de los  edificios que los rodean, ya por organizar de forma diferente su espacio interior, introduciendo elementos constructivos ajenos al resto, o ya por haberse hallado en su interior elementos de claro significado cultural. La discusión se centra fundamentalmente en el significado de estos edificios que, por lógica, no deben carecer de un componente político, si bien sus principales características radican precisamente en la existencia de una serie de elementos arquitectónicos exclusivos y en el hallazgo de una serie de objetos suntuosos que los asocian al mundo religioso. Por último, el hecho de que la mayor parte de estos edificios se hayan encontrado aislados en el paisaje, dominando lugares con un alto valor estratégico, ha propiciado que se les haya clasificado como santuarios, en el sentido oriental del termino; es decir, un centro de fuerte componente económico y comercial donde reside la deidad que a su vez representa el poder político.
LA ARQUITECTURA RELIGIOSA EN TARTESSOS En los últimos años se han descubierto una serie de edificios datados entre los siglos VIII y VII a.n.e que se vienen asociando a un función religiosa. Como se apuntaba antes, son edificios que o bien parecen aislados o bien se integran en el entramado urbano, en cuyo caso se denominan “edificios singulares”, ya por exceder las dimensiones del resto de los edificios que los rodean, ya por organizar de forma diferente su espacio interior, introduciendo elementos constructivos ajenos al resto, o ya por haberse hallado en su interior elementos de claro significado cultural. La discusión se centra fundamentalmente en el significado de estos edificios que, por lógica, no deben carecer de un componente político, si bien sus principales características radican precisamente en la existencia de una serie de elementos arquitectónicos exclusivos y en el hallazgo de una serie de objetos suntuosos que los asocian al mundo religioso. Por último, el hecho de que la mayor parte de estos edificios se hayan encontrado aislados en el paisaje, dominando lugares con un alto valor estratégico, ha propiciado que se les haya clasificado como santuarios, en el sentido oriental del termino; es decir, un centro de fuerte componente económico y comercial donde reside la deidad que a su vez representa el poder político.
A pesar de todas las excavaciones llevadas a cabo en la ciudad de Huelva, no se conoce aún el trazado urbano de la ciudad de Onoba, parece ser que la población indígena se concentraba en las laderas de los cabezos. Destaca el Cabezo de San Pedro, donde los arqueólogos han querido ver el centro político-religioso de la ciudad. En esta “acrópolis” se ha localizado un muro de 10 metros de largo datado a mediados del siglo VIII  de utilidad desconocida, construido con manpostería de pizarra alternada con pilares de sillería al estilo de soga y tizón, una técnica claramente oriental. También apareció un fragmento de oinochoe de procedencia fenicia.
En el siglo VII a.c. las mejoras técnicas de la minería y su industria generarán un crecimiento económico que se plasmará en la construcción de barrios en la zona baja del puerto. Estas viviendas son de planta rectangular, construidas de adobe sobre zócalos de piedra, con suelos de arcilla roja prensada o correctamente apisonados.  En algunas de ellas se han detectado restos de escorias de los hornos de metal. Coetaneas a estas viviendas aparecen en otras zonas cabañas de planta circular u ovalada demostrando que a pesar del alto desarrollo de la época continua habiendo grandes diferencias sociales.
Por último cabe destacar que la región de Huelva se resiste más que las regiones de la vega baja del Guadalquivir a la penetración de la cultura fenicia debido a que los colonos encontraron una estructura política y económica desarrollada en torno a la minería.
A pesar de todas las excavaciones llevadas a cabo en la ciudad de Huelva, no se conoce aún el trazado urbano de la ciudad de Onoba, parece ser que la población indígena se concentraba en las laderas de los cabezos. Destaca el Cabezo de San Pedro, donde los arqueólogos han querido ver el centro político-religioso de la ciudad. En esta “acrópolis” se ha localizado un muro de 10 metros de largo datado a mediados del siglo VIII de utilidad desconocida, construido con manpostería de pizarra alternada con pilares de sillería al estilo de soga y tizón, una técnica claramente oriental. También apareció un fragmento de oinochoe de procedencia fenicia. En el siglo VII a.c. las mejoras técnicas de la minería y su industria generarán un crecimiento económico que se plasmará en la construcción de barrios en la zona baja del puerto. Estas viviendas son de planta rectangular, construidas de adobe sobre zócalos de piedra, con suelos de arcilla roja prensada o correctamente apisonados. En algunas de ellas se han detectado restos de escorias de los hornos de metal. Coetaneas a estas viviendas aparecen en otras zonas cabañas de planta circular u ovalada demostrando que a pesar del alto desarrollo de la época continua habiendo grandes diferencias sociales. Por último cabe destacar que la región de Huelva se resiste más que las regiones de la vega baja del Guadalquivir a la penetración de la cultura fenicia debido a que los colonos encontraron una estructura política y económica desarrollada en torno a la minería.
Destacamos también Tejada la Vieja debido a ser el poblado tartésico más conocido consecuencia de tantas excavaciones y publicaciones del  Servicio de Arqueología de la Diputación de Huelva. También puede haber la existencia de murallas construidas en época prefenicia, zonas como: Niebla, Tejada la Vieja (poblado tartésico amurallado por excelencia)... Es conocida igualmente la muralla del Castillo de Doña Blanca, influencia fenicia y modelo que será inspirado por poblados tartésicos. Tras excavaciones se concretó que la muralla de Tejada se levantó sobre un zócalo de grandes bloques de piedra caliza; esta fue rematada con bastiones . A finales del siglo VI a.n.e. La antigua muralla se le adosó un nuevo lienzo también en talud pero protegido por bastiones rectangulare, a diferencia de los semicirculares de antes,el resto del alzado sería de adobe o tapial. La primera muralla tendría objetivo simbólico, la segunda más hacia la innestabilidad del cambio de época. El problema de Tejada radica en que apenas se conocen la datación de su primera muralla por su antigüedad. Destacamos también el trazado urbano de Tejada probablemente constituido por cabañasde plantas circulares con una estructura irregular en cuanto a su colocación. Tejada será el centro entre las zonas mineras de Aznalcóllar y las metalúrgicas de San Bartolome, ambos lugares provenientes de Huelva.
Destacamos también Tejada la Vieja debido a ser el poblado tartésico más conocido consecuencia de tantas excavaciones y publicaciones del Servicio de Arqueología de la Diputación de Huelva. También puede haber la existencia de murallas construidas en época prefenicia, zonas como: Niebla, Tejada la Vieja (poblado tartésico amurallado por excelencia)... Es conocida igualmente la muralla del Castillo de Doña Blanca, influencia fenicia y modelo que será inspirado por poblados tartésicos. Tras excavaciones se concretó que la muralla de Tejada se levantó sobre un zócalo de grandes bloques de piedra caliza; esta fue rematada con bastiones . A finales del siglo VI a.n.e. La antigua muralla se le adosó un nuevo lienzo también en talud pero protegido por bastiones rectangulare, a diferencia de los semicirculares de antes,el resto del alzado sería de adobe o tapial. La primera muralla tendría objetivo simbólico, la segunda más hacia la innestabilidad del cambio de época. El problema de Tejada radica en que apenas se conocen la datación de su primera muralla por su antigüedad. Destacamos también el trazado urbano de Tejada probablemente constituido por cabañasde plantas circulares con una estructura irregular en cuanto a su colocación. Tejada será el centro entre las zonas mineras de Aznalcóllar y las metalúrgicas de San Bartolome, ambos lugares provenientes de Huelva.
El problema principal está en la falta  de excavaciones de extensión que nos permitan vislumbrar como se organizaba un poblado tartesico; hasta hace pocos años, las intervenciones en los poblados tartesicos tenían como objetivo la identificación diacrónica de su ocupación a través de profundos cortes estratigráficos, pero si el método nos puede ayudar a ubicar cronológicamente el yacimiento e incluso relacionarlo con otros del entorno, en nada contribuye a desvelar donde se ubicaban los espacios de poder, los almacenes, las áreas de trabajo, etc., circunstancia que nos impide conocer la estructura jerarquizada del poblado y su relación de dependencia con otros poblados de menor tamaño localizados en su área de influencia. Si nos atenemos a la clásica definición de ciudad en el mundo antiguo, pocos asentamientos lograrían esta categoría por la ausencia de muralla, aunque yacimientos como Doña Blanca pueden darnos la clave de la verdadera estructura de una ciudad tartesica, inspirada en modelos fenicios, y probablemente, desarrollada en origen por estos. No obstante, y a la luz de los datos que tenemos sobre las construcciones de santuarios fenicios en los inicios de la colonización, parece lógico pensar que el desarrollo urbano de los centros tartesicos evolucionara a partir de esos edificios, que actuarían así como gérmenes de los futuros poblados.
El problema principal está en la falta de excavaciones de extensión que nos permitan vislumbrar como se organizaba un poblado tartesico; hasta hace pocos años, las intervenciones en los poblados tartesicos tenían como objetivo la identificación diacrónica de su ocupación a través de profundos cortes estratigráficos, pero si el método nos puede ayudar a ubicar cronológicamente el yacimiento e incluso relacionarlo con otros del entorno, en nada contribuye a desvelar donde se ubicaban los espacios de poder, los almacenes, las áreas de trabajo, etc., circunstancia que nos impide conocer la estructura jerarquizada del poblado y su relación de dependencia con otros poblados de menor tamaño localizados en su área de influencia. Si nos atenemos a la clásica definición de ciudad en el mundo antiguo, pocos asentamientos lograrían esta categoría por la ausencia de muralla, aunque yacimientos como Doña Blanca pueden darnos la clave de la verdadera estructura de una ciudad tartesica, inspirada en modelos fenicios, y probablemente, desarrollada en origen por estos. No obstante, y a la luz de los datos que tenemos sobre las construcciones de santuarios fenicios en los inicios de la colonización, parece lógico pensar que el desarrollo urbano de los centros tartesicos evolucionara a partir de esos edificios, que actuarían así como gérmenes de los futuros poblados.
Por lo tanto, parece que los fenicios optaron desde un principio por respetar y potenciar los sitios indígenas de un alto significado religioso que, a partir del siglo VII, se convirtieron en enclaves tartesicos de primer orden. La construcción de santuarios por parte de los fenicios  como inicio de sus relaciones comerciales con las colonias del Mediterráneo está ya atestiguado en otras áreas, cobra así especial significado el templo de Melkar/Heracles en Cádiz, un modelo que pudo servir para los santuarios construidos en el valle del Guadalquivir, caso de los ya mencionados de El Carambolo, Coria del Rio o Montemolin, así como el más impreciso de Huelva, hallado en la calle del puerto 10, donde se hallaron una serie de copas griegas arcaicas con motivos dionisiacos. Estos santuarios serian, pues, el primer elemento objetivo que disponemos para certificar las relaciones entre los primeros fenicios asentados en las costas del sur peninsular y los indígenas; unos edificios que actuarían como garantes de las transacciones comerciales y, por tanto, como motores de la interacción entre fenicios e indígenas. También será a partir del siglo VII cuando se detecten los primeros núcleos de población articulados en torno a un trazado urbano, que no urbanístico como lo clasifican algunos, término que solo se puede plantear, si acaso y con algo de generosidad, para la época más avanzada de la cultura tartesica.
Por lo tanto, parece que los fenicios optaron desde un principio por respetar y potenciar los sitios indígenas de un alto significado religioso que, a partir del siglo VII, se convirtieron en enclaves tartesicos de primer orden. La construcción de santuarios por parte de los fenicios como inicio de sus relaciones comerciales con las colonias del Mediterráneo está ya atestiguado en otras áreas, cobra así especial significado el templo de Melkar/Heracles en Cádiz, un modelo que pudo servir para los santuarios construidos en el valle del Guadalquivir, caso de los ya mencionados de El Carambolo, Coria del Rio o Montemolin, así como el más impreciso de Huelva, hallado en la calle del puerto 10, donde se hallaron una serie de copas griegas arcaicas con motivos dionisiacos. Estos santuarios serian, pues, el primer elemento objetivo que disponemos para certificar las relaciones entre los primeros fenicios asentados en las costas del sur peninsular y los indígenas; unos edificios que actuarían como garantes de las transacciones comerciales y, por tanto, como motores de la interacción entre fenicios e indígenas. También será a partir del siglo VII cuando se detecten los primeros núcleos de población articulados en torno a un trazado urbano, que no urbanístico como lo clasifican algunos, término que solo se puede plantear, si acaso y con algo de generosidad, para la época más avanzada de la cultura tartesica.
Otra excavación a tener en cuenta es la efectuada en el Cerro de San Juan de Coria del Río, donde se han individualizado hasta cinco santuarios otra vez superpuestos que descansan sobre un gran horno metalúrgico indígena, que pone de manifiesto el interés de los fenicios por ocupar lugares donde ya se desarrollaba una actividad industrial, así como la elección geográfica de dichos asentamientos teniendo en cuenta la navegación por el Guadalquivir. Así, podemos hacer una primera datación del santuario en torno al siglo VIII, ratificando la pronta presencia oriental en la Baja Andalucía. Ya en la periferia tartésica se documenta la existencia de cabañas de planta elipsoidal con materialesindígenas y sobre las que se superpusieron edificios cuadrangulares con un valor cultural 
extraordinario. Este hecho se da en dos yacimientos,el primero de ellos es Neves, situado en la localidad portuguesa de Castro Verde, donde se documentó un una cabaña oval que conserva un altar en su interior, interpretado como un santuario. El segundo caso es el de Cancho Roano, en el cual encontramos construcciones de plantas ovaladas con restos de materiales indígenas en ellos.
Otra excavación a tener en cuenta es la efectuada en el Cerro de San Juan de Coria del Río, donde se han individualizado hasta cinco santuarios otra vez superpuestos que descansan sobre un gran horno metalúrgico indígena, que pone de manifiesto el interés de los fenicios por ocupar lugares donde ya se desarrollaba una actividad industrial, así como la elección geográfica de dichos asentamientos teniendo en cuenta la navegación por el Guadalquivir. Así, podemos hacer una primera datación del santuario en torno al siglo VIII, ratificando la pronta presencia oriental en la Baja Andalucía. Ya en la periferia tartésica se documenta la existencia de cabañas de planta elipsoidal con materialesindígenas y sobre las que se superpusieron edificios cuadrangulares con un valor cultural extraordinario. Este hecho se da en dos yacimientos,el primero de ellos es Neves, situado en la localidad portuguesa de Castro Verde, donde se documentó un una cabaña oval que conserva un altar en su interior, interpretado como un santuario. El segundo caso es el de Cancho Roano, en el cual encontramos construcciones de plantas ovaladas con restos de materiales indígenas en ellos.
Analizando el desarrollo urbano de Tartessos ya durante el siglo VIII, podemos asegurar que la presencia fenicia en el suroeste peninsular se detecta a través de los materiales, aunque apenas es perceptible en el sistema constructivo de los poblados indígenas del Bronce Final, donde la gran mayoría de la población oriental se habría asentado. Así pues, un modo directo de acceder al urbanismo tartésico, es mediante la arqueología y su práctica en los yacimientos con poblados. Prueba de ello es el hallazgo de estructuras de cierta importancia que podemos asocial al poder político o religioso local. Un primer ejemplo sería Montemolín, excavado por Chaves y Bandera, cuyo edificio “A” resalta por tener planta elipsoidal levantada sobre un zócalo de piedra y alzado de adobe con un banco corrido en su interior, mientras, los suelos serían de arcilla roja y los revocos de
cal. Todo lo cual nos acerca al estilo fenicio puro por sus materiales y acabados. La cabaña de Montemolín , de unos 200 metros cuadrados, se levantó a su vez sobre otra más antigua pero de planta similar, a la que se asocian materiales del Bronce Final, lo que vendría a explicar que aunque se introdujeron novedades constructivas fenicias, se mantuvo la planta tradicional, posiblemente para remarcar el carácter religioso y funcional. Un hecho destacable en esta cabaña es la superposición de un nuevo edificio, el “D”, ya de planta rectangular que ha sido interpretado como un santuario fenicio. En cuanto a restos materiales hallados en las excavaciones, son destacados los que resultaron del estrato XII, y que ofrecen un conjunto de utensilios como cazuelas y cuencos de carena alta y decoración bruñida en su interior, material significativo si lo contrastamos con la sencillez de la cabaña que los acoge. Siguiendo la tendencia a superponer edificaciones, a esta última le seguirán otras de planta ortogonal de época tartésica, y culminando con una estructura de sillares que ha sido interpretado como edificios públicos de posible carácter religioso.
Analizando el desarrollo urbano de Tartessos ya durante el siglo VIII, podemos asegurar que la presencia fenicia en el suroeste peninsular se detecta a través de los materiales, aunque apenas es perceptible en el sistema constructivo de los poblados indígenas del Bronce Final, donde la gran mayoría de la población oriental se habría asentado. Así pues, un modo directo de acceder al urbanismo tartésico, es mediante la arqueología y su práctica en los yacimientos con poblados. Prueba de ello es el hallazgo de estructuras de cierta importancia que podemos asocial al poder político o religioso local. Un primer ejemplo sería Montemolín, excavado por Chaves y Bandera, cuyo edificio “A” resalta por tener planta elipsoidal levantada sobre un zócalo de piedra y alzado de adobe con un banco corrido en su interior, mientras, los suelos serían de arcilla roja y los revocos de cal. Todo lo cual nos acerca al estilo fenicio puro por sus materiales y acabados. La cabaña de Montemolín , de unos 200 metros cuadrados, se levantó a su vez sobre otra más antigua pero de planta similar, a la que se asocian materiales del Bronce Final, lo que vendría a explicar que aunque se introdujeron novedades constructivas fenicias, se mantuvo la planta tradicional, posiblemente para remarcar el carácter religioso y funcional. Un hecho destacable en esta cabaña es la superposición de un nuevo edificio, el “D”, ya de planta rectangular que ha sido interpretado como un santuario fenicio. En cuanto a restos materiales hallados en las excavaciones, son destacados los que resultaron del estrato XII, y que ofrecen un conjunto de utensilios como cazuelas y cuencos de carena alta y decoración bruñida en su interior, material significativo si lo contrastamos con la sencillez de la cabaña que los acoge. Siguiendo la tendencia a superponer edificaciones, a esta última le seguirán otras de planta ortogonal de época tartésica, y culminando con una estructura de sillares que ha sido interpretado como edificios públicos de posible carácter religioso.
Desarrollo urbano de los Tartessos
El establecimieno Tartessio en el suroeste peninsular no es hasta la llegada de los fenicios, antes de ello solo sabemos que se asentaban en pequeños poblados desestructurados, viviendo así en cabañas. A pesar de ello encontramos dos modelos de asentamiento: El primero consiste en construcciones colocadas estrategicamente de un mayor tamaño para interpretar una entidad poblacional pero con una planificación urbana insuficiente. La segunda forma de asentamiento consta de agrupaciones mucho más simples normalmente localizadas en zonas llanas frente a los valles de los ríos principales. Es sabido que estos primeros núcleos de gran tamaño controlarían lo que parece ser el territorio de los otros menos complejos,  por lo que existiría, un espacio político que sería utilizado como base para las futuras relaciones comerciales con los colonos orientales. Por desgracia, apenas sabemos a ciencia cierta la extensión de los centros más relevantes de este Bronce Final, esto se puede deber a la ausencia de excavaciones en extensión, junto con otros motivos, aunque, los resultados de las excavaciones de los últimos años, las cuales sumamos los sondeos estratigráficos del último tercio de siglo, en sitios como las ciudadades de Huelva, Niebla, Carmona o Córdoba, habría un especial control de sus territorios. 
También sabemos que deben existir otras zonas aún por investigar, pero no se ha hecho debido a la ubicación de estas zonas fuera de las aglomeraciones urbanas, sitios donde la arqueología urbana ha podido tomar una mayor información.
Desarrollo urbano de los Tartessos El establecimieno Tartessio en el suroeste peninsular no es hasta la llegada de los fenicios, antes de ello solo sabemos que se asentaban en pequeños poblados desestructurados, viviendo así en cabañas. A pesar de ello encontramos dos modelos de asentamiento: El primero consiste en construcciones colocadas estrategicamente de un mayor tamaño para interpretar una entidad poblacional pero con una planificación urbana insuficiente. La segunda forma de asentamiento consta de agrupaciones mucho más simples normalmente localizadas en zonas llanas frente a los valles de los ríos principales. Es sabido que estos primeros núcleos de gran tamaño controlarían lo que parece ser el territorio de los otros menos complejos, por lo que existiría, un espacio político que sería utilizado como base para las futuras relaciones comerciales con los colonos orientales. Por desgracia, apenas sabemos a ciencia cierta la extensión de los centros más relevantes de este Bronce Final, esto se puede deber a la ausencia de excavaciones en extensión, junto con otros motivos, aunque, los resultados de las excavaciones de los últimos años, las cuales sumamos los sondeos estratigráficos del último tercio de siglo, en sitios como las ciudadades de Huelva, Niebla, Carmona o Córdoba, habría un especial control de sus territorios. También sabemos que deben existir otras zonas aún por investigar, pero no se ha hecho debido a la ubicación de estas zonas fuera de las aglomeraciones urbanas, sitios donde la arqueología urbana ha podido tomar una mayor información.
Por lo tanto, el debate sobre la afiliación fenicia o tartésica, interpretada a esta como una expresión indígena, de algunos en clave arqueológicos, estaría fuera de lugar cuando nos referimos a la mayor parte de los yacimientos documentados a partir del siglo VII, pue solo podemos identificar como fenicios los más antiguos yacimientos del suroeste peninsular, mientras que en el resto de la costa meridional  y en el Valle del Guadalquivir, lo que surgió fue el resultado de casi dos siglos de un proceso de interacción entre ambas comunidades, si bien como es lógico, habría poblaciones donde habría un mayor peso demográfico de cualquiera de las dos comunidades, lo que se plasma en las variables que se detectan en necrópolis, poblados, producciones artesanales, interpretaciones simbólicas o en el propio elenco de los materiales.
Por lo tanto, el debate sobre la afiliación fenicia o tartésica, interpretada a esta como una expresión indígena, de algunos en clave arqueológicos, estaría fuera de lugar cuando nos referimos a la mayor parte de los yacimientos documentados a partir del siglo VII, pue solo podemos identificar como fenicios los más antiguos yacimientos del suroeste peninsular, mientras que en el resto de la costa meridional y en el Valle del Guadalquivir, lo que surgió fue el resultado de casi dos siglos de un proceso de interacción entre ambas comunidades, si bien como es lógico, habría poblaciones donde habría un mayor peso demográfico de cualquiera de las dos comunidades, lo que se plasma en las variables que se detectan en necrópolis, poblados, producciones artesanales, interpretaciones simbólicas o en el propio elenco de los materiales.
Un primer estadio de esa interacción consistiría, pues, en relaciones puntuales entre los primeros fenicios asentados en las costas peninsulares y las jefaturas indígenas que, a cambio de facilitar mano de obra para la explotación minera y productos agropecuarios, demandarían pronto la tecnología necesaria para introducir los cambios estructurales mínimos que les permitieran desarrollar sus propias manifestaciones artísticas que, por otra parte, ya habían conseguido un alto grado de sofisticación en trabajos como el bronce o el oro. El aumento en el volumen de los intercambios comerciales, la aportación tecnológica de los fenicios y la integración de la mano de obra indígena en el sistema comercial fenicio, sería el germen de lo que se viene designando como orientarizante y que aquí proponemos denominar como simplemente tartésico. Como en cualquier proceso histórico de esta índole, el grado de interacción se produciría de forma paulatina, de tal modo que durante el siglo VIII apenas se percibe los rasgos que van a caracterizar a la cultura tartésica, que no comenzaran a percibirse con fuerza hasta el siglo VII, cuando se documentan las primeras estructuras urbanas con las innovaciones y diseños arquitectónicos de clara filiación oriental, la ocupación de la tierra para la explotación agrícola, la generalización del nuevo ritual funerario o la irrupción de una iconografía que pone en evidencia la asimilación de una nueva ideología, con claros síntomas de haber sufrido un proceso de sincretismo religioso. La expresión cultural de todo ello es Tartessos.
Un primer estadio de esa interacción consistiría, pues, en relaciones puntuales entre los primeros fenicios asentados en las costas peninsulares y las jefaturas indígenas que, a cambio de facilitar mano de obra para la explotación minera y productos agropecuarios, demandarían pronto la tecnología necesaria para introducir los cambios estructurales mínimos que les permitieran desarrollar sus propias manifestaciones artísticas que, por otra parte, ya habían conseguido un alto grado de sofisticación en trabajos como el bronce o el oro. El aumento en el volumen de los intercambios comerciales, la aportación tecnológica de los fenicios y la integración de la mano de obra indígena en el sistema comercial fenicio, sería el germen de lo que se viene designando como orientarizante y que aquí proponemos denominar como simplemente tartésico. Como en cualquier proceso histórico de esta índole, el grado de interacción se produciría de forma paulatina, de tal modo que durante el siglo VIII apenas se percibe los rasgos que van a caracterizar a la cultura tartésica, que no comenzaran a percibirse con fuerza hasta el siglo VII, cuando se documentan las primeras estructuras urbanas con las innovaciones y diseños arquitectónicos de clara filiación oriental, la ocupación de la tierra para la explotación agrícola, la generalización del nuevo ritual funerario o la irrupción de una iconografía que pone en evidencia la asimilación de una nueva ideología, con claros síntomas de haber sufrido un proceso de sincretismo religioso. La expresión cultural de todo ello es Tartessos.
La pregunta, por consiguiente, es saber cómo se produjo la interacción entre ambas culturas, pues parece que un motivo centrado exclusivamente en intereses de índole comercial no habría generado tal grado de transformación en la sociedad indígena. Los primeros rasgos de la oriental se manifiestan como es lógico atreves de las jefaturas locales, a quienes estarían destinados los primeros productos exóticos que serían considerados como bienes de prestigio que, a la vez, servirían para cimentar su poder y facilitar las relaciones comerciales y de cualquier otra índole con los futuros colonizadores. Pero con el tiempo, esos productos se introducirían con la carga simbólica que conllevan, lo que explicaría la profusión de algunos elementos, como la orfebrería o la conjunción jarro/braserillo de bronce, una prueba evidente de cómo va calando el uso de algunos materiales y el significado de la iconografía que los acompaña, muy vinculados al mundo de la ritualidad. Estas relaciones pudieron intensificarse con la presencia de artesanos orientales entre las comunidades indígenas para traspasar una aparte de sus conocimientos como ha propuesto Almagro-Gorbea; sin embargo, parece más lógico pensar que serían los propios indígenas quienes se acercaran a los focos artesanales e industriales del núcleo tartésico para aprender o incorporar las nuevas tecnologías que, posteriormente, pudieron transmitir a las comunidades del interior, en la línea con lo que ha propuesto A. Perea sobre artesanos independiente capacitados para introducir además otros rasgos culturales de los fenicios. Esta posibilidad explicaría las diferentes interpretaciones que se pueden apreciar en la iconografía orientarizante del interior que, a pesar de incorporar nuevos motivos y técnicas de elaboración, mantienen elementos propios de la cultura indígena.
La pregunta, por consiguiente, es saber cómo se produjo la interacción entre ambas culturas, pues parece que un motivo centrado exclusivamente en intereses de índole comercial no habría generado tal grado de transformación en la sociedad indígena. Los primeros rasgos de la oriental se manifiestan como es lógico atreves de las jefaturas locales, a quienes estarían destinados los primeros productos exóticos que serían considerados como bienes de prestigio que, a la vez, servirían para cimentar su poder y facilitar las relaciones comerciales y de cualquier otra índole con los futuros colonizadores. Pero con el tiempo, esos productos se introducirían con la carga simbólica que conllevan, lo que explicaría la profusión de algunos elementos, como la orfebrería o la conjunción jarro/braserillo de bronce, una prueba evidente de cómo va calando el uso de algunos materiales y el significado de la iconografía que los acompaña, muy vinculados al mundo de la ritualidad. Estas relaciones pudieron intensificarse con la presencia de artesanos orientales entre las comunidades indígenas para traspasar una aparte de sus conocimientos como ha propuesto Almagro-Gorbea; sin embargo, parece más lógico pensar que serían los propios indígenas quienes se acercaran a los focos artesanales e industriales del núcleo tartésico para aprender o incorporar las nuevas tecnologías que, posteriormente, pudieron transmitir a las comunidades del interior, en la línea con lo que ha propuesto A. Perea sobre artesanos independiente capacitados para introducir además otros rasgos culturales de los fenicios. Esta posibilidad explicaría las diferentes interpretaciones que se pueden apreciar en la iconografía orientarizante del interior que, a pesar de incorporar nuevos motivos y técnicas de elaboración, mantienen elementos propios de la cultura indígena.